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Inglaterra avanza en el Mundial pero sin un equipo fijo

Inglaterra ha cumplido con el primer objetivo del Mundial: acabar líder de su grupo. Sobre el papel, misión completada. En la hierba, la sensación es muy distinta: tres partidos después, Thomas Tuchel todavía no sabe cuál es su mejor once.

Un laboratorio en las bandas

El experimento más evidente está en los costados. Tuchel ha utilizado ya nueve combinaciones distintas de laterales y extremos en apenas 270 minutos, con ocho jugadores involucrados. Un carrusel que explica bien la búsqueda desesperada de la fórmula ideal.

Las lesiones han golpeado justo donde más duele. La baja de Reece James y el problema físico de Jarell Quansah en el lateral derecho han obligado a improvisar. Bukayo Saka, además, no está al cien por cien. El resultado es un equipo que rara vez amenaza con continuidad por las bandas y que, al mismo tiempo, pierde solidez atrás cada vez que se retoca la línea defensiva.

Inglaterra sufre cada vez que la atacan. Se le ve incómoda, insegura, demasiado expuesta para un aspirante a llegar lejos en un Mundial.

Cuando los grandes tiran del carro

En medio de ese paisaje inestable, hay nombres que sostienen al grupo. Elliot Anderson estuvo sobresaliente contra Panamá. Jude Bellingham fue elegido mejor jugador del partido, con total justicia. Harry Kane volvió a marcar. Y detrás de ellos, Jordan Pickford y Declan Rice dan estructura, jerarquía y calma.

Ellos forman la columna vertebral. Son los futbolistas en los que se puede confiar cuando el juego colectivo no fluye. Cuando el plan no aparece, aparecen ellos.

Lo ideal sería que el sistema generara ocasiones en cascada, que los goles fueran consecuencia natural del funcionamiento del equipo. Pero este Mundial ya le ha recordado a Inglaterra que, a veces, todo se reduce a una acción aislada. Como el gol de Bellingham ante Panamá, cazando un córner de Saka que no era especialmente brillante… hasta que él decidió que lo fuera.

Entró con potencia, se impuso en el salto, manejó su cuerpo con una mezcla de fuerza, equilibrio y técnica. El remate cambió el partido. Después de ese gol, el resultado parecía tener un solo destino.

Un problema recurrente: la fragilidad atrás

El verdadero foco de preocupación no está en la falta de brillo ofensivo, sino en la cantidad de veces que Inglaterra ha quedado partida atrás. Ha ocurrido en los tres encuentros.

Ante Croacia, la primera parte fue floja en defensa y llegaron dos goles en contra. Frente a Ghana y Panamá, el equipo volvió a conceder demasiadas opciones, pero esta vez escapó sin castigo. Esa ruleta no durará siempre. A medida que el torneo avance, el nivel de los rivales subirá y los errores costarán mucho más caro.

En otros grandes torneos, incluso cuando la zaga inglesa no era la más talentosa, al menos estaba asentada. Había continuidad, automatismos, relaciones claras entre centrales y laterales. Ahora, en cambio, todo apunta a que habrá otro cambio más en la línea de cuatro ante DR Congo.

Tuchel sopesa devolver a Spence al lateral derecho o desplazar a Ezri Konsa desde el centro de la defensa, lo que abriría la puerta a una pareja John Stones–Marc Guehi, siempre que este último esté en condiciones. Una vez más, nada está escrito.

Algunas modificaciones han sido decisión técnica. Otras, obligadas por los problemas físicos. Pero la realidad es que el seleccionador asumió un riesgo enorme al apostar por jugadores con historial de lesiones. Hoy lo está pagando en forma de dudas y parches constantes.

Lecciones para el duelo ante DR Congo

El próximo examen llega el miércoles en Atlanta, ante una DR Congo que, salvo sorpresa, repetirá el plan que ya usaron Ghana y Panamá: bloque bajo, muchos hombres por detrás de la pelota y salida rápida al contraataque. Inglaterra volverá a enfrentarse al mismo rompecabezas: cómo derribar un muro que no tiene prisa.

Una de las claves puede estar en algo tan simple como la dirección de los centros. Contra Panamá, Marcus Rashford y Saka jugaron a pierna cambiada, buscando centros cerrados hacia dentro. Esos balones, que salen del pie derecho de Rashford desde la izquierda o del izquierdo de Saka desde la derecha, son más fáciles de despejar para los centrales.

El equipo, en cambio, parece mucho más dañino cuando los extremos desbordan por fuera y centran hacia delante del delantero, como hizo Bellingham en la jugada del gol de Kane. El ‘9’ puede entonces atacar el espacio con ventaja, sabiendo que el envío va a llegar.

Ahí hay una lección táctica evidente para el cuerpo técnico. No se trata solo de nombres, sino de hábitos y perfiles. Inglaterra necesita que sus bandas generen algo más que intentos previsibles.

Estabilidad o adiós prematuro

Pese a todas las dudas, el equipo ya está en la siguiente ronda y conserva un argumento poderoso: sus grandes figuras responden cuando el partido se atasca. Bellingham, Kane, Rice, Pickford… ese núcleo duro mantiene viva la candidatura inglesa.

Pero nadie llega lejos en un Mundial cambiando de defensa cada tres días. En algún punto, Tuchel tendrá que decidirse. Fijar una línea, asumir el riesgo y construir a partir de ahí. Si lo consigue, Inglaterra tendrá margen para pensar en cruces ante selecciones como México o Ecuador. Si no, cada noche será una ruleta en la que un error atrás puede costar el viaje de vuelta.

La clasificación ya está en el bolsillo. Lo que falta por ver es si este equipo encuentra por fin un once reconocible… antes de que el torneo deje de darle segundas oportunidades.

Inglaterra avanza en el Mundial pero sin un equipo fijo