Inglaterra enfrenta alarmas antes del Mundial contra Croacia
Será casi un mérito que Inglaterra consiga presentarse en condiciones aceptables a su debut mundialista contra Croacia. No por el rival, ni por la presión histórica, sino por el ruido que rodea a la selección de Thomas Tuchel a 24 horas de empezar el torneo.
El seleccionador tiene el listón marcado desde fuera: “llegar como mínimo a semifinales o habrá fracasado”. No lo ha dicho él, lo repiten los titulares. Y mientras se construye ese ultimátum mediático, el equipo avanza a trompicones entre lesiones, decisiones polémicas y una histeria ambiental que roza lo caricaturesco.
El caso Maguire: un “no” mundialista por videollamada
La primera sacudida llegó con Harry Maguire. Según desveló The Sun, Tuchel le comunicó que no iría al Mundial por FaceTime. Ni llamada de teléfono tradicional, ni visita, ni reunión discreta en el centro de entrenamiento: videollamada.
Más allá del formato, el contenido dejó al central en una posición incómoda. Maguire explicó que el técnico le comentó que había apostado “por los cuatro chicos con los que superó la fase de clasificación en los campamentos de otoño, donde sintió que lo hicieron bien en esos seis partidos”. Acto seguido, añadió que Tuchel también le dijo que “no podía darle una excusa” para dejarle fuera.
La contradicción se explica sola. El motivo estaba implícito en la primera frase. El mensaje final dejó la sensación de que el central se marcha a casa con una justificación que el propio seleccionador se niega a reconocer como tal.
Tuchel, sin red mediática
El clima alrededor de Inglaterra se entiende mejor leyendo los titulares que analizando las sesiones de entrenamiento. El de The Sun sobre la columna de Martin Lipton es elocuente: Tuchel “no tiene excusas” y debe “hacer como mínimo semifinales o habrá fallado”.
La frase llega, además, al día siguiente de que España, campeona de Europa y candidata al título, tropezara en su estreno. El recordatorio es evidente: este torneo castiga a cualquiera, por muy favorito que parezca.
Pero la narrativa ya está instalada. Si Inglaterra no vuela desde el primer minuto, no será porque un Mundial es una trituradora, sino porque el seleccionador “ha fallado”.
Saka, entre el riesgo calculado y el alarmismo
En medio de ese contexto, Bukayo Saka decidió hablar claro. El atacante reconoció que su estado físico no es perfecto y que está dispuesto a asumir un “riesgo” para ayudar a Inglaterra. Tuchel ya había avisado: “es muy poco probable que empiece y termine todos los partidos” del torneo.
Los datos recientes lo respaldan. Saka solo ha completado un encuentro entero con club o selección desde mediados de marzo. En la recta final de la Premier League arrancó de inicio en dos de los últimos siete partidos del Arsenal. En la vuelta de semifinales de Champions apenas pasó de la hora de juego. Con Inglaterra, en los amistosos previos al Mundial, sumó menos de media hora tras haberse perdido la convocatoria de marzo por lesión.
Nada de eso es un secreto para su club. El propio Saka agradeció públicamente a Mikel Arteta y al “equipo médico del Arsenal” por haber gestionado su problema en el tendón de Aquiles “de forma increíble” junto al cuerpo médico de la selección. Tuchel, la semana pasada, insistió en la misma línea: en el Arsenal “han tenido muchísimo cuidado” con él.
Y sin embargo, el eco mediático transformó una reflexión madura del jugador en otra cosa. El titular de la web del Daily Express fue contundente: Saka “despierta preocupaciones en el Arsenal” con sus “alarmantes” declaraciones en Inglaterra. El artículo original de John Cross en el Daily Mirror hablaba de un Saka “dispuesto a asumir la apuesta” para ayudar a su selección. Normalidad competitiva convertida en crisis fabricada.
Que un futbolista de élite diga que quiere jugar, que se siente listo y que asume el riesgo, se presenta como una amenaza para su club. Cuando todos, desde el entrenador hasta el cuerpo médico, han admitido que no está al cien por cien desde hace meses.
Tornados, SWAT y el miedo como combustible
El ruido no se limita al césped. La delegación inglesa vivió un episodio meteorológico curioso: un tornado que, en la práctica, no alteró en absoluto la rutina de la selección. Pese a ello, el relato se construyó en clave de susto: el equipo habría quedado “conmocionado”.
La misma línea se repitió con otro episodio. Un redactor de The Sun informó de que un equipo SWAT y varios agentes armados acudieron a un incidente “a una milla” del estadio donde Inglaterra debutará en el Mundial. El detalle relevante apareció enterrado varios párrafos después: “no hay indicios de que el incidente estuviera relacionado con el Mundial ni supusiera amenaza alguna para el torneo o sus sedes”.
El mensaje, sin embargo, ya estaba lanzado: peligro cerca del campamento inglés, aunque no tuviera nada que ver con la selección. El siguiente paso casi se escribe solo: cualquier petardo a cinco kilómetros del hotel podrá presentarse como un “susto” para los hombres de Tuchel.
España tropieza, Inglaterra tiembla
La histeria tampoco es patrimonio exclusivo de Inglaterra. La selección española, vigente campeona de Europa, empató su primer partido y algunos titulares se apresuraron a hablar de “humillación” ante Cabo Verde. Acto seguido, los mismos análisis recordaban que España “no puede descartarse” para el título.
El doble rasero es evidente. Un tropiezo de un favorito se presenta como drama, pero se matiza en cuestión de líneas. En el caso de Inglaterra, cada matiz físico, cada decisión táctica, cada incidente externo se amplifica hasta el extremo.
Con tornados que no cambian planes, incidentes policiales sin relación con el torneo, un Saka que solo admite lo que todos sabían y un Maguire descartado por videollamada, el paisaje que rodea a la selección parece más propio de una serie que de una concentración mundialista.
Y, sin embargo, el balón va a rodar igual. La pregunta no es si Inglaterra tiene talento para competir contra Croacia. Lo tiene. La cuestión es otra: ¿será capaz de jugar un Mundial mientras todo a su alrededor insiste en parecer el fin del mundo?






