India sufre derrota ante Tajikistan en Tursunzoda
La noche en Tursunzoda dejó otra herida abierta para la selección de India. Derrota por 3-1 ante Tajikistan en el primero de los dos amistosos rumbo a 2026 programados en la ventana FIFA de junio, y una sensación clara: el equipo sigue atascado.
Sheriddin Boboev (9’), Mekhrubon Karimov (62’) y Ehsoni Panshanbe (68’) firmaron la victoria local. El golazo de falta directa de Farukh Choudhary en el 89’ maquilló el marcador, pero no el partido.
Un inicio cuesta arriba
India, número 137 del ranking FIFA, quiso morder desde el arranque ante una selección situada 34 puestos por encima, la Tajikistan de Igor Angelovski, que debutaba en el banquillo tras relevar a Goran Stevanovic. El plan indio era claro: presionar arriba, discutir la posesión, incomodar al anfitrión.
Duró poco.
El equipo local, pese a estrenar técnico, se adueñó del balón con una naturalidad preocupante para los visitantes. Cada salida india encontraba de frente una presión alta, agresiva, bien coordinada. Y el error llegó pronto.
Al minuto 9, Louis Nickson cometió una falta dentro del área. Penalti sin discusión. Frente al capitán Gurpreet Singh Sandhu, Sheriddin Boboev no dudó: disparo certero y 1-0. Tajikistan golpeaba primero y con autoridad.
India tardó en asentarse, pero tuvo su momento antes del descanso. La mejor ocasión llegó en el 41’. Akash Mishra puso un centro medido desde la izquierda y encontró a Lallianzuala Chhangte en zona caliente dentro del área. Era la jugada que podía cambiar el guion. El remate de cabeza, sin embargo, fue directo a las manos del guardameta. Oportunidad de oro, desperdiciada.
Sin Ryan Williams, ausente por lesión, el peso ofensivo por bandas recayó en Chhangte y Vikram Pratam Singh. Corrieron, insistieron, atacaron los espacios, pero casi siempre eligieron mal con la pelota. Mucho esfuerzo, poca claridad.
El 1-0 al descanso dejaba a India con vida, pero colgando de un hilo.
Tajikistan acelera y sentencia
Tras el paso por vestuarios, Tajikistan apretó el acelerador. La sensación era que el segundo gol estaba al caer. India, cansada tras el viaje directo desde Londres tras el Unity Cup y golpeada anímicamente por las derrotas ante Jamaica y Zimbabwe, comenzó a defender cada vez más cerca de su área.
La presión local terminó por romper el partido a balón parado. Al minuto 62, un lanzamiento de falta lateral encontró a Mekhrubon Karimov, que se elevó con decisión y cabeceó a la red. 2-0. El castigo al desorden defensivo indio quedaba reflejado en el marcador.
El golpe fue duro. Y Tajikistan no tuvo piedad.
Seis minutos después, en el 68’, apareció Ehsoni Panshanbe para clavar el tercero desde jugada abierta. Una acción que desnudó a la zaga visitante: desajustes, llegadas tarde, poca coordinación. Con el 3-0, el duelo quedó prácticamente resuelto. El resto fue control, manejo de tiempos y administración de esfuerzos por parte del conjunto de Angelovski.
Un destello final y un historial adverso
Cuando el partido ya agonizaba, Farukh Choudhary se reservó un último gesto de orgullo. En el 89’, ejecutó una falta directa con precisión quirúrgica, rasa y pegada al palo, para batir al portero por la esquina inferior izquierda. Un gran gol, sí, pero apenas un consuelo en un contexto mucho más áspero.
El 3-1 final dejó un dato que pesa: es la cuarta victoria de Tajikistan sobre India en seis enfrentamientos directos entre ambas selecciones. Y para el equipo dirigido en este parón por Khalid Jamil, significa la tercera derrota consecutiva tras los tropiezos en el Unity Cup de Londres.
La imagen que deja el combinado indio es la de un grupo que quiere ser valiente, que intenta salir a proponer, pero que sufre cada vez que le someten a una presión alta y le obligan a tomar decisiones rápidas. La distancia en el ranking FIFA se notó en el ritmo, en la seguridad con el balón y en la contundencia en las áreas.
No habrá mucho tiempo para lamentos. El próximo martes, en el Hisor Central Stadium, India volverá a medirse a Tajikistan en el segundo amistoso de la serie. Mismo rival, otro escenario y una pregunta clara: ¿será capaz la selección india de transformar el golpe de Tursunzoda en una reacción tangible sobre el césped?






