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Henderson: la insólita lesión que podría no acabar con su Mundial

La Copa del Mundo siempre deja historias insólitas. La de Jordan Henderson entra directa en esa lista: el veterano centrocampista inglés se ha roto el brazo… celebrando una victoria.

El futbolista de 36 años, ahora en el Brentford, no disputó ni un minuto en el agónico 3-2 de Inglaterra ante México en el histórico Estadio Azteca, el sábado 4 de julio. Pero cuando el pitido final confirmó el pase a cuartos, se desató la euforia. En plena celebración, Henderson perdió el equilibrio, cayó por encima de una valla publicitaria y aterrizó de forma muy violenta.

El silencio se impuso por unos segundos. El jugador tuvo que recibir oxígeno sobre el césped y abandonar el campo en camilla. Thomas Tuchel, seleccionador de Inglaterra, habló después de una lesión “bastante seria” en la muñeca y confirmó su traslado inmediato al hospital.

Cuatro días más tarde, el miércoles 8 de julio, llegó la siguiente escena de esta montaña rusa. Desde una cama del Kansas City Orthopaedic Institute, cerca del cuartel general de Inglaterra en Kansas City (Missouri), Henderson anunció en redes sociales que había pasado por el quirófano. En la imagen, pulgar hacia arriba y un mensaje directo: operación completada y mirada puesta en “el gran partido del sábado”.

El entorno de la selección detalló después que el mediocampista se recupera en el hotel del equipo, con seguimiento médico constante. Nada de regreso exprés a casa. Nada de rendición.

De accidente absurdo a posible regreso con férula

El primer diagnóstico hacía pensar en un adiós definitivo al torneo para un jugador que, aunque con un rol secundario, mantiene un peso específico en el grupo. Henderson alcanzó en esta Copa del Mundo una marca simbólica: se convirtió en el primer futbolista de la selección masculina de Inglaterra en participar en cuatro Mundiales, tras saltar desde el banquillo ante Panamá en la fase de grupos. Suma 91 internacionalidades y una influencia que va mucho más allá de los minutos.

Por eso, cuando se confirmó la fractura, el golpe fue doble: deportivo y emocional. Sin embargo, el escenario ha cambiado con rapidez. La BBC informó de que el cuerpo técnico y los servicios médicos han estudiado la posibilidad de que Henderson vuelva a jugar en este Mundial, probablemente protegido por una férula o un yeso especial en el brazo lesionado.

La idea, a estas alturas, ya no suena descabellada dentro del vestuario inglés. No para un jugador cuya carrera se ha construido a base de insistencia, carácter y una tolerancia al dolor que sus compañeros conocen bien.

Inglaterra avanza y Henderson se aferra al torneo

Mientras el centrocampista inicia su rehabilitación, la selección sigue su camino. Tras el 3-2 ante México en el Azteca, Inglaterra se prepara para medirse a Noruega en Miami, el sábado 11 de julio, en los cuartos de final. El cuadro está claro: el vencedor se enfrentará en semifinales al ganador del duelo entre Argentina y Suiza, con una hipotética final ante Francia, Marruecos, España o Bélgica en el horizonte.

En ese contexto, la figura de Henderson adquiere un matiz casi simbólico. No es el motor físico del equipo, pero sí una referencia emocional. Dentro del vestuario, su voz pesa. Su compañero Morgan Rogers lo definió como el “latido” de Inglaterra y dejó claro, a través de la cadena pública, que el grupo le quiere dentro hasta el último día de competición.

El mensaje es compartido: ni Henderson se da por descartado, ni la selección está dispuesta a cerrarle la puerta. Confían en su cuerpo, en su capacidad competitiva y en lo que representa como líder silencioso en un torneo que se decide tanto en los detalles técnicos como en la fortaleza mental.

Inglaterra ya ha sufrido un susto inesperado en este Mundial. La cuestión ahora es si ese mismo episodio, nacido de una celebración desafortunada, acabará convirtiéndose en el punto de partida para uno de los regresos más llamativos del torneo.