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Haaland y Mbappé: La rivalidad que aún no arde

Erling Haaland y Kylian Mbappé están llamados a repartirse el futuro del fútbol mundial. Goles, focos, premios individuales, portadas. Lo tienen todo. Pero su rivalidad, esa que muchos quieren vender como la heredera natural del duelo Messi‑Cristiano, sigue siendo más promesa que realidad.

El motivo principal es evidente: viven en mundos distintos.

Haaland domina la Premier League con Manchester City, camino de convertirse en icono del fútbol inglés, mientras Mbappé se presenta como la nueva gran figura de Real Madrid en La Liga, el último Galáctico de Florentino Pérez. Dos galaxias, sí, pero que rara vez se cruzan.

El contexto tampoco ayuda. City, pese a su dominio reciente, no genera el magnetismo global de otros gigantes ingleses. Su éxito moderno, respaldado por Abu Dabi, provoca más indiferencia que pasión entre muchos neutrales. Nada que ver con el escenario que tuvieron Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.

Aquello fue un volcán.

Messi y Cristiano se miraban de reojo cada fin de semana en un campeonato español convertido en duopolio. Uno en Barcelona, el otro en Real Madrid, separados por el abismo del Clásico. Alrededor, personajes inflamables como José Mourinho o Sergio Ramos, y duelos gigantescos en Europa. El Barça, casi siempre, con la última palabra frente a un Madrid herido pero orgulloso. Todo alimentaba la narrativa: goles, títulos, choques directos, tensión permanente.

Con Haaland y Mbappé no pasa eso. Apenas se cruzan. Sus puntos de contacto reales son la Champions League y la Bota de Oro europea. Nada más. No hay enfrentamientos ligueros, no hay Clásicos, no hay dos partidos al año marcados en rojo en el calendario mundial.

Y falta otro ingrediente clave: el escenario de selecciones.

Hasta hace nada, Noruega vagaba por el desierto internacional. Este es el primer gran torneo de la carrera de Haaland… con 25 años. Demasiado tiempo sin escaparate global. Demasiado tiempo sin que el noruego se mida a los mejores con su país.

Mbappé vive en el extremo opuesto. Esta es ya la quinta gran cita de su carrera con Francia. Y no es un actor secundario: es una de las razones por las que los Bleus han sido candidatos al título en todas esas competiciones. Levantó el Mundial en 2018 siendo casi un niño. Su historia con la selección ya está llena de capítulos decisivos.

Mientras Messi y Cristiano se empujaban mutuamente también con sus países, peleando por Mundiales y coronándose en la Eurocopa y la Copa América, Haaland apenas podía mirar desde lejos. Faltaba una parte entera del relato. Noruega, eso sí, llega ahora como tapada. Si da un golpe sobre la mesa en este torneo, la rivalidad puede ganar una dimensión que hoy no tiene.

Curiosamente, entre Haaland y Mbappé no hay ni rastro de enemistad. Al contrario.

Se elogian sin pudor. En 2023, en una entrevista con Canal+, Haaland se rindió a su rival: “Es tan fuerte. Los franceses son muy afortunados de que juegue para Francia. Me gustaría que jugara para Noruega, obviamente, pero no es el caso. Es un jugador increíble. Es tan rápido, tan fuerte y lo lleva haciendo muchos años. ¿Qué es, dos años mayor que yo? Es una locura. A veces tienes que decirte que todavía tiene 10 años por delante al máximo nivel. Es fenomenal”.

Nada de dardos, nada de frases envenenadas. Muy distinto al misterio permanente que rodeó durante años la relación Messi‑Cristiano, con rumores de antipatía, gestos fríos en los premios y tensión máxima en los Clásicos. Con el tiempo, los dos gigantes acabaron compartiendo campañas publicitarias para marcas como Louis Vuitton o Lego, pero la sensación de distancia siempre formó parte del relato.

Con Haaland y Mbappé, el tono es otro. Respeto, admiración y una negativa constante a entrar en comparaciones con los dos grandes de siempre.

En 2023, en France Football, Haaland fue tajante cuando le preguntaron si él y Mbappé eran los nuevos Messi y Cristiano: “Eso es lo que todo el mundo piensa. Pero hay que recalcar lo locas que son las cosas que han hecho Messi y Cristiano. Y siguen haciéndolo, incluso siendo mayores. Siguen siendo fantásticos jugadores. Yo nunca hablo de mí contra otros jugadores, no es mi forma de ver las cosas. Me centro en mí mismo, solo intento ser mejor cada día, seguir disfrutando de lo que hago y ser la mejor versión de mí mismo”.

Mbappé, en la previa de un Mundial, fue en la misma línea: “Messi es el mejor jugador, junto con Cristiano, eso está claro. Yo intento ayudar a mi equipo a ganar otro Mundial. El resto es debate para los periodistas. Ahora mismo no pienso en Haaland. Lo que quiero es llevar el trofeo a casa. No hago planes de futuro; solo pienso en el presente, en disfrutar del Mundial”.

El contraste con Messi y Cristiano no se limita a la narrativa. También se ve en el césped.

Haaland es un nueve puro. Un depredador del área. Vive del remate, del desmarque profundo, de la zancada que rompe defensas para atacar un pase al espacio. Es la definición moderna del “killer” del área.

Mbappé, en cambio, ha sido durante años un puñal desde la banda. Extremo, falso nueve, segundo punta. Ha jugado por izquierda, por derecha, por dentro. Puede marcar desde cualquier rincón gracias a una velocidad salvaje y un disparo feroz. Él mismo lo usó como argumento para marcar distancias con Haaland: “No he jugado solo arriba. He jugado por izquierda y por derecha. Con toda modestia, no creo que nadie sea capaz de cambiar de posición cada año y mantener un gran rendimiento al máximo nivel”, dijo en 2022.

Messi y Cristiano también eran diferentes, pero coincidieron mucho tiempo como extremos goleadores, uno a cada lado del Clásico. Eso hacía que cada gol, cada regate, cada falta directa pareciera una respuesta al otro. La comparación era inevitable. Y explosiva.

Con Haaland y Mbappé, las piezas no encajan igual. Ellos mismos se encargan de bajar el volumen del debate. Y, en el fondo, se entiende. Lo que hicieron Messi y Cristiano roza lo irrepetible: más de 900 goles cada uno, 81 títulos entre ambos, una colección interminable de momentos icónicos. Pretender que el siguiente duelo alcance ese listón de inmediato es casi injusto.

Donde sí han empezado a cruzar caminos Haaland y Mbappé es en la Champions League. Ahí, el francés lleva ventaja.

Su primer enfrentamiento llegó en los octavos de final de la temporada 2019‑20, cuando Haaland aún vestía la camiseta de Borussia Dortmund. El noruego firmó un doblete en Alemania y dejó la eliminatoria 2‑1 para los alemanes. En la vuelta, Paris Saint‑Germain remontó y se clasificó 3‑2 en el global. Mbappé, tocado físicamente, solo apareció como suplente, pero estuvo en la famosa burla colectiva a la celebración de meditación de Haaland al final del partido.

Años después, ya lejos de PSG y Dortmund, se reencontraron en el play-off de la Champions 2024‑25. Haaland, ya estrella de Manchester City, golpeó primero con un doblete en la ida. En la vuelta, Mbappé respondió con un hat-trick para meter a Real Madrid en la siguiente ronda. El noruego, mermado físicamente, se quedó en el banquillo, obligado a mirar desde la distancia cómo el francés se adueñaba del foco.

La revancha individual de Haaland llegó por fin la pasada temporada. Un penalti suyo decidió un duelo de fase de liga en el Santiago Bernabéu, esta vez con Mbappé viendo el partido desde el banquillo. El destino los volvió a cruzar en octavos: Haaland marcó en la vuelta, pero un Mbappé tocado solo pudo tener un papel testimonial mientras el Madrid avanzaba con un contundente 5‑1 en el global.

En el palmarés continental, sin embargo, el noruego puede sacar pecho: ya sabe lo que es ganar la Champions como parte del City del triplete en 2023. Mbappé, pese a su impacto brutal, todavía persigue su primera gran noche de gloria europea.

Hay un escenario que podría cambiarlo todo.

Haaland lleva tiempo sonando como objetivo de Real Madrid y Barcelona. En los últimos meses, los rumores le han acercado más a la orilla azulgrana. Si algún día se enfunda la camiseta del Barça y se planta en un Clásico frente al Madrid de Mbappé, la historia daría un giro radical. Sería el punto de partida real de una rivalidad al estilo Messi‑Cristiano: dos monstruos, dos camisetas eternas, un país partido en dos.

No sería una locura en términos de edad. Cristiano tenía solo un año menos que el Haaland actual cuando firmó por los blancos y encendió la mecha definitiva de su duelo con Messi.

Pero la realidad hoy es otra. Barcelona apenas empieza a salir de una crisis económica profunda tras la pandemia, y Haaland se siente cómodo en el Etihad. Su agente, Rafaela Pimenta, lo dejó claro en marzo, en plena ola de rumores sobre un posible fichaje por el Camp Nou: “Tenemos mucho respeto y admiración por Barcelona, pero no ha habido ningún contacto sobre un posible traspaso. El jugador renovó su contrato hace unos meses, está muy feliz en Manchester City. Todo va muy bien para él y realmente no tenemos nada de lo que hablar en cuanto a un traspaso cuando todo está tan bien en City”.

Así que, por ahora, la gran rivalidad del futuro sigue en fase de combustión lenta. Falta el gran contexto, faltan los Clásicos, falta el choque continuado.

Pero se acerca un escenario ideal para avivar las brasas: un duelo mundialista en Boston. Haaland con Noruega, Mbappé con Francia, el mundo mirando. Tal vez ahí, en una noche de Mundial, empiece de verdad la historia que el fútbol lleva años esperando.

Haaland y Mbappé: La rivalidad que aún no arde