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Haaland enciende alarmas en Manchester City tras lesión

Erling Haaland volvió a poner en vilo a todo Manchester City. Esta vez no fue en la Premier League ni en la Champions, sino a cientos de kilómetros, vestido con la camiseta de Noruega y en un duelo que dejó más preocupación que fútbol para el vigente campeón inglés.

El delantero se retiró cojeando en el minuto 67 del choque de la UEFA Nations League ante Portugal, encendiendo todas las luces rojas en el cuerpo técnico de Enzo Maresca a pocos días de un partido mayúsculo ante Liverpool.

Un gesto, un silencio y el cambio

La escena fue breve, pero contundente. Haaland notó algo, se llevó la mano, miró al banquillo y pidió el cambio. Sin dramatismos, pero con la claridad de quien sabe que algo no va bien. El seleccionador noruego reaccionó de inmediato y dio entrada a Jorgen Strand Larsen.

En el marcador, Portugal mandaba y acabaría sellando el 2-1 que le da el billete a los cuartos de final de la Nations League para el equipo de Jorge Jesus. En la tabla, Noruega se queda hundida en el fondo del grupo, con solo tres puntos y una campaña que ya roza lo calamitoso.

En Manchester, sin embargo, el resultado fue casi anecdótico. Lo que importó fue esa caminata lenta de Haaland hacia la banda. Cada paso del noruego fue un golpe de nervios para los aficionados del City.

El peor momento posible

El calendario no perdona. La Premier League se reanuda este fin de semana y el City tiene por delante un examen de los que marcan tendencias: Liverpool, en la sexta jornada, en un duelo que siempre mide pulso, fondo de armario y ambición.

Perder a Haaland ahora sería un golpe directo al corazón del proyecto de Maresca. El noruego es la referencia absoluta del ataque, la pieza alrededor de la cual se ordena todo el sistema ofensivo. Sin su presencia, el City pierde intimidación, profundidad y esa sensación de que cualquier balón suelto en el área puede acabar en gol.

No es solo una cuestión de nombres. Es una cuestión de aura.

Un parón convertido en pesadilla

El parón internacional ya pintaba incómodo para el City. Ahora se ha convertido en una pesadilla. El club vive días tensos fuera del césped, con más de cien cargos presentados por la Premier League que planean sobre el Etihad como una nube oscura. La entidad mantiene que no ha cometido irregularidades y ha presentado recurso, pero el ruido no cesa.

En medio de ese clima, Maresca había encontrado refugio en el campo: cinco victorias en cinco jornadas, 15 puntos de 15 posibles, liderato sólido y una sensación de continuidad respecto a la era Pep. El equipo llegaba lanzado.

Frente a ellos, un Liverpool que no termina de arrancar del todo, sexto con nueve puntos, pero siempre competitivo en las grandes citas. Precisamente por eso, el duelo del domingo apunta a algo más que tres puntos. Es una declaración de intenciones en la lucha por la cima.

Y ahí es donde la figura de Haaland se vuelve imprescindible.

Espera, incertidumbre y un nombre propio

Ahora, en Manchester solo queda esperar. Pruebas médicas, informes, sensaciones del propio jugador. Cuántos días. Cuántas semanas. O si habrá milagro y podrá estar ante Liverpool.

El vestuario, el cuerpo técnico y la grada comparten la misma pregunta: ¿llega o no llega? Nadie en el club se engaña. A estas alturas de la temporada, con el equipo en dinámica perfecta y con un calendario que empieza a endurecerse, renunciar a su máximo goleador no es una opción asumible. Es un lujo que el City no puede permitirse.

La Nations League dejó a Portugal en cuartos y a Noruega hundida. En Manchester, dejó algo más delicado: la incómoda sensación de que el próximo capítulo de la temporada del City puede depender de una sola resonancia. Y de la pierna derecha de Erling Haaland.