Graduación de la PFA Business School: Futbolistas que buscan más allá del césped
Los birretes vuelan donde uno esperaría ver bufandas. En el Emirates Stadium, el césped da paso a un escenario y, por un día, las estrellas de la Premier League cambian las botas por togas. No es una graduación de Oxbridge, aunque lo parezca. Es la nueva hornada de la PFA Business School, el intento más serio del fútbol inglés por demostrar que la cabeza también cuenta.
En la promoción de 2026 aparecen nombres que el aficionado asocia a centros del campo y áreas rivales, no a aulas: el centrocampista de Everton Kiernan Dewsbury-Hall, el delantero de Coventry City Taiwo Awoniyi, el veterano defensor César Azpilicueta. Todos con el mismo gesto: orgullo académico, nervios contenidos, una sensación de segunda carrera que empieza mientras la primera aún rueda.
Dewsbury-Hall, tren desde Merseyside y un plan a largo plazo
Kiernan Dewsbury-Hall, 28 años, llega en tren desde Merseyside. Vive el mejor momento de su carrera con Everton, pero ha decidido invertir sus noches y viajes en algo más que repasar partidos. Ha completado un posgrado en dirección global del deporte futbolístico. No suena a capricho.
“Espero que me quede mucho tiempo en el fútbol”, explica. “Pero como persona, siempre intento aprender y desarrollarme lejos del césped. No quiero dejar de jugar y quedarme sentado sin hacer nada”.
Su discurso rompe el tópico del futbolista que solo mira hasta el siguiente contrato. Él mira más allá, aunque no se obsesiona con el destino final: “Si alguna vez llega una oportunidad, por suerte tengo algo que puede ayudarme”. Por ahora, combina análisis tácticos en Finch Farm con apuntes en la tableta. En los viajes de vuelta de los partidos a domicilio, admite, alguna que otra mirada rara ha tenido que aguantar mientras repasaba temarios en su iPad.
En la ceremonia, busca a Tim Cahill, mito de Everton y ahora figura en el fútbol catarí. No le aborda para hablar de finanzas. Le pregunta por el arte de marcar goles. El puente entre presente y futuro se construye con naturalidad: aprender de los que ya cruzaron el umbral.
“Obviamente hay estereotipos sobre los futbolistas”, admite Dewsbury-Hall. “Pero en cualquier industria hay gente muy lista y gente que no lo es tanto. Sorprendería cuánta gente inteligente hay en el fútbol”. Él quiere demostrar que se puede estudiar al máximo nivel mientras se sigue compitiendo cada fin de semana. ¿Dónde le llevará? Ni él lo sabe. Y ahí reside parte del atractivo.
Awoniyi, el “soñador silencioso” que estudió entre cicatrices
Taiwo Awoniyi, 29 años, llega a la graduación con parte de su familia extensa. Este verano cambió Nottingham Forest por Coventry City, pero sigue formando parte de la selección de Nigeria, que pelea por un billete para la Copa Africana de Naciones de 2027. Entre concentración y concentración, también estudia.
Tiene ya una licenciatura en gestión empresarial y otro diploma. Este es su tercer título. Para muchos, excesivo. Para él, simplemente cumplir una promesa.
“Soy un soñador silencioso”, se define el delantero nacido en Ilorin. Su padre, Solomon, se tomó la educación tan en serio que casi frena su carrera futbolística antes de empezar. El chico de la Imperial Soccer Academy que acabó fichando por Liverpool y explotando en Union Berlin no se entiende sin esa exigencia paterna. “Siempre sentí que la educación era importante. Le prometí a mi padre que, si jugaba al fútbol, seguiría estudiando. Eso es lo que he hecho y estoy orgulloso”.
Su trayectoria no ha sido una línea recta. Habla sin dramatismos de los “altibajos” de su carrera, pero detrás hay un episodio que marcó su vida: en mayo de 2025, jugando para Nottingham Forest contra Leicester City, chocó con un poste, sufrió la rotura de un intestino y tuvo que ser inducido a un coma médico. Un susto que cambia prioridades.
Desde entonces, la idea de que “hay cosas más grandes que el fútbol” dejó de ser un eslogan. “No es un trabajo de 9 a 5 en el fútbol”, razona. “Entramos, a veces terminamos bastante pronto y, aunque es exigente, creo que cualquier futbolista tiene tiempo por la tarde para algo como esta business school. Claro que te exige mucho, y todo depende de lo dispuesto que estés a hacerlo”.
Awoniyi insiste en una idea que a menudo se pierde entre gradas y redes sociales: “Sí, el fútbol es nuestra pasión, pero también somos seres humanos normales y quizá eso el mundo no siempre lo ve”. Por eso, cuando recoge su título rodeado de los suyos, no parece un delantero de Championship. Parece un estudiante más que ha cumplido con su parte del trato familiar.
Steve Cook y el regreso a clase tras una vida de marcajes
No todos llegan con currículos académicos recientes. Steve Cook, hoy defensa de Wycombe Wanderers y ex capitán del Bournemouth en la Premier League, no se sentaba en un aula formal desde el colegio. Ya tiene licencias de entrenador y sabe que su carrera en el césped entra en su tramo final.
Para él, el curso supone volver a un mundo que muchos futbolistas abandonan a los 16 o 17 años, cuando firman su primer contrato serio. Esa brecha suele dejarles desnudos cuando cuelgan las botas. Cook no quiere formar parte de esa estadística silenciosa.
La PFA Business School ha diseñado un programa que se adapta a la vida del profesional: seminarios coordinados para no chocar con entrenamientos ni partidos, bloques de estudio que se pueden completar en casa o en los hoteles de concentración. La teoría se cuela entre sesiones de vídeo y trabajos de gimnasio. No hay excusa fácil, solo voluntad.
Azpilicueta, el capitán que cambió la siesta por los apuntes
En el escenario del Emirates, uno de los que toma la palabra es César Azpilicueta. El ex internacional español, que se retiró al final de la pasada temporada tras sus etapas en Osasuna, Chelsea, Atlético de Madrid y Sevilla, conoce bien el equilibrio entre balón y libros.
Cuenta cómo la mañana de la final de la Champions de 2021 en Oporto, la más grande de su carrera de club, decidió estudiar. No podía dormir la siesta. Los aficionados se dejaban oír, el ambiente crecía, la mente se aceleraba. Él abrió los apuntes. Horas después, levantaba la copa tras el 1-0 de Chelsea ante Manchester City.
Azpilicueta había dejado sus estudios universitarios cuando se hizo profesional con 17 años en Osasuna. Años más tarde, ya asentado en Stamford Bridge, regresó a las aulas y completó un MBA en la Universidad de Harvard durante su etapa de nueve años en Chelsea. No lo hizo para adornar un perfil de redes sociales, sino para entender el juego desde los despachos y, sobre todo, para exigirse algo más a sí mismo.
“Esto no va solo de prepararse para la vida después del fútbol. También se trata de ser una mejor versión de ti mismo durante tu carrera”, sostiene. Su mensaje cala entre quienes aún sienten las piernas frescas. El liderazgo, viene a decir, no se construye solo con entradas a ras de suelo o brazaletes; también con la capacidad de comprender el club como un todo.
Hoy, ya retirado tras sus últimos pasos por Atlético de Madrid y Sevilla, no tiene prisa por aceptar su próximo cargo. Puede esperar. Tiene herramientas para elegir.
Una generación que quiere mandar… y entender
El curso de la PFA incluye sesiones con figuras clave del fútbol inglés, como el director ejecutivo de Brighton, Paul Barber. Los alumnos escuchan cómo se gestionan las finanzas de un club, cómo se estructura una dirección deportiva, cómo se toman decisiones que, al final, repercuten en ellos mismos cuando saltan al campo.
Cada graduado llega con su historia. Algunos, como Dewsbury-Hall o Awoniyi, aún viven el pico físico de su carrera. Otros, como Cook, ya otean la línea de meta. Puede que muchos no usen de inmediato sus nuevos conocimientos. Tal vez tarden una década en sentarse en un despacho o en un banquillo.
Pero todos se llevan algo más que un título y una foto con birrete. Se llevan la sensación de que el fútbol no tiene por qué ser una única vida cerrada entre los 18 y los 35 años. Que se puede dirigir un vestuario, un departamento de fichajes o un club entero con la misma determinación con la que se defiende un córner en el descuento.
En las butacas del Emirates, entre familiares, amigos y excompañeros, se mezclan camisetas, trajes y togas. Cuesta distinguir al delantero del ejecutivo en potencia. Y quizá ahí esté la clave: en esta promoción puede que se escondan los futuros entrenadores, directores deportivos y directores generales que marcarán el rumbo del fútbol inglés.
La pregunta ya no es si estarán preparados cuando llegue el día de colgar las botas. La cuestión es cuántos de ellos se atreverán a tomar el mando cuando el silbato final deje de sonar y empiece, de verdad, el partido fuera del césped.






