Graduación de la PFA Business School en el Emirates Stadium
Las togas ondean en el Emirates Stadium. A primera vista parece una graduación de universidad de élite, pero bajo los birretes no hay académicos: hay futbolistas de la Premier League y exjugadores que han levantado títulos por toda Europa y el mundo. Es la promoción 2026 de la PFA Business School, y el mensaje es claro: el fútbol ya no se conforma con formar solo piernas; también quiere formar cerebros.
Entre los graduados destacan Kiernan Dewsbury-Hall, centrocampista del Everton, el delantero de Coventry City Taiwo Awoniyi y varias caras muy reconocibles del fútbol reciente. Todos con el mismo gesto de orgullo que cualquier estudiante que recoge un título, aunque muchos de ellos ya sepan lo que es jugar finales europeas o mundiales.
Azpilicueta, el capitán que estudió antes de una final
En uno de los salones del Emirates, César Azpilicueta toma la palabra. El exdefensa español recuerda cómo la mañana de la final de la Champions League de 2021, en la que capitaneó al Chelsea hacia el 1-0 ante el Manchester City en Oporto, la pasó… estudiando.
Mientras el resto del mundo imaginaba nervios, rituales y concentración absoluta, él se refugiaba en los apuntes. No para distraerse del fútbol, sino para equilibrar la balanza. Años después, convertido en graduado de esta escuela de negocios y recién retirado tras sus etapas finales en Atlético de Madrid y Sevilla, defiende que la educación no es solo un salvavidas para el “después”, sino una herramienta para liderar mejor mientras se sigue compitiendo.
Azpilicueta lo sabe bien. Debutó con 17 años en Osasuna, aparcó una carrera universitaria al hacerse profesional y, ya en pleno apogeo en el Chelsea, volvió a las aulas para completar un MBA en Harvard. El mismo impulso que le llevó a abrir un libro antes de la mayor noche de su carrera es el que ahora le mantiene cerca de las pizarras, sin prisa por decidir cuál será su próximo cargo en el fútbol.
Dewsbury-Hall: el motor del Everton que piensa en el futuro
A unos metros, Kiernan Dewsbury-Hall escucha y asiente. A sus 28 años, en el mejor momento de su carrera con el Everton, también ha decidido que no le basta con el césped. Llegó en tren desde Merseyside hasta Londres solo para estar presente en la ceremonia y recoger su diploma de posgrado en “global football sport directorship”.
El exjugador de Leicester City y Chelsea lo explica sin rodeos: quiere seguir aprendiendo mientras todavía compite al máximo nivel. No quiere que el día después de colgar las botas le pille vacío, sentado en casa sin saber qué hacer. Este curso, dice, le interesaba de verdad. No sabe si terminará ejerciendo como director deportivo o ejecutivo, pero prefiere tener la formación lista ahora y no empezar de cero cuando el cuerpo ya no le permita jugar.
También quiere derribar tópicos. Admite que ha recibido miradas extrañas en los viajes de vuelta de los partidos, estudiando en el iPad en el autobús o el tren. Pero insiste: en el fútbol hay mucha más inteligencia de la que se suele reconocer. Algunos compañeros no se apuntan a este tipo de programas simplemente porque no les apasiona, no porque no puedan hacerlo.
Awoniyi, el “soñador silencioso” que estudia por promesa
Taiwo Awoniyi representa otra cara de la misma historia. A los 29 años, recién fichado por Coventry City desde Nottingham Forest y todavía pieza de la selección de Nigeria en plena lucha por clasificarse para la Copa Africana de Naciones 2027, acumula ya tres títulos académicos: una carrera en gestión empresarial, otro diploma previo y ahora este nuevo certificado.
Su trayectoria no ha sido sencilla. Su padre, Solomon, siempre fue inflexible con la educación. Tanto, que por momentos estuvo a punto de cortar de raíz la carrera futbolística de su hijo. Awoniyi salió de la Imperial Soccer Academy, pasó por Liverpool y se hizo un nombre en la Bundesliga con Union Berlin antes de aterrizar en la Premier League.
Nacido en Ilorin, se define como un “soñador silencioso”. Prometió a su padre que, si jugaba al fútbol, no abandonaría los estudios. Y ha cumplido. Se aferra a esa promesa como a una brújula, incluso después de vivir uno de los episodios más duros que se recuerdan en los últimos años en la liga inglesa.
En mayo de 2025, un choque con el poste cuando jugaba con Nottingham Forest ante Leicester City le provocó la rotura de un intestino. Terminó en coma inducido médicamente. Una experiencia límite que le dejó una convicción clara: hay vida más allá del fútbol, y conviene estar preparado para ella.
Por eso valora tanto el curso de la Professional Footballers’ Association. Reconoce que el calendario del futbolista no es el típico “9 a 5”. Entrenan, juegan, viajan, y muchas tardes quedan libres. Cree que ese tiempo puede aprovecharse para formarse. No es fácil, exige disciplina, pero insiste en que el fútbol no define por completo a la persona. “Somos seres humanos normales”, repite, aunque el mundo a veces no lo vea.
En la grada del Emirates, Awoniyi ha traído a varios familiares. Quiere que vean este logro con sus propios ojos, que entiendan que aquella promesa hecha en Nigeria sigue en pie.
Romper el cliché del futbolista
La escena del acto podría pertenecer a cualquier ceremonia universitaria: abrazos, fotos, sonrisas amplias, familias orgullosas. Solo que aquí, entre los graduados, hay goleadores de Premier League, capitanes con años de experiencia en la élite y defensas que ya piensan en los banquillos.
Dewsbury-Hall aprovecha para buscar a Tim Cahill, excentrocampista del Everton y ahora figura relevante en el fútbol catarí. Hablan de goles, de movimientos en el área, de cómo se puede trasladar ese instinto al diseño de proyectos deportivos desde los despachos. Es la imagen perfecta de este puente entre el vestuario y la sala de juntas.
El inglés no esconde que la etiqueta de “futbolista poco preparado” le molesta. Insiste en que, como en cualquier sector, hay gente brillante y gente menos interesada en formarse, pero que el potencial intelectual dentro del fútbol está muy infravalorado. Su propio título quiere que sea también un mensaje: se puede estudiar a este nivel mientras se sigue compitiendo semana a semana.
Un curso hecho a medida del vestuario
La PFA Business School ha diseñado el programa para que encaje en la vida real del profesional. Las sesiones se organizan para chocar lo menos posible con entrenamientos y partidos. El resto se apoya en el estudio individual, en aviones, hoteles o autobuses de regreso tras encuentros lejos de casa.
Cada graduado llega con una historia distinta. Steve Cook, defensa del Wycombe Wanderers y antiguo capitán del Bournemouth en la Premier League, llevaba desde el colegio sin pisar un aula formal. Ya tiene licencias de entrenador y sabe que el final de su carrera sobre el césped está cerca. Para él, este curso es un paso más en la construcción de su segunda vida dentro del juego.
Azpilicueta está convencido de que todos, lo acaben usando o no en un cargo específico, saldrán reforzados. Habla de “ser una mejor versión de uno mismo” también durante la etapa como futbolista. Lo dice alguien que aprendió a mandar en el campo y a influir en el vestuario tanto por carácter como por formación.
El programa incluye sesiones con figuras clave de la industria, como el director ejecutivo del Brighton, Paul Barber. Se trata de abrir el mapa: entender cómo funcionan las áreas de gestión, marketing, finanzas, dirección deportiva. Mostrar al jugador que el fútbol es mucho más que los 90 minutos de cada fin de semana.
Líderes en ciernes
Por ahora, la mayoría de estos nuevos graduados siguen centrados en lo de siempre: entrenar, competir, ganar. Pero el día de la graduación en el Emirates deja una sensación distinta. Entre estos nombres puede estar el próximo entrenador que cambie el rumbo de un club, el ejecutivo que modernice una entidad histórica o el director deportivo que marque tendencia en el mercado.
El fútbol, tantas veces acusado de vivir en una burbuja, ve cómo una generación de jugadores se prepara para pincharla desde dentro. Y la pregunta ya no es si estarán listos cuando llegue el momento de decidir su futuro, sino cuánto van a transformar el juego cuando crucen la línea blanca para siempre y empiecen a mandar desde el otro lado del despacho.






