El giro de Jeglertz: City busca consolidar su imperio en la WSL
Durante años, City fue el eterno “este sí” de la WSL. Plantilla para pelear el título, nombres para asustar a cualquiera, elogios de analistas que cada agosto la señalaban como el equipo capaz de tumbar el dominio de Chelsea. Y, sin embargo, el desenlace siempre era el mismo: caídas en las últimas jornadas o tropiezos difíciles de explicar.
La diferencia esta vez no estuvo solo en el marcador final de la tabla. Estuvo en la cabeza.
Una cultura que cambió el vestuario
Alex Greenwood lo resumió con claridad: bajo Jonas Jeglertz se produjo “un cambio de cultura”. No fue un eslogan, fue un trabajo incómodo, casi quirúrgico, sobre cómo el equipo se hablaba a sí mismo. Cambió “el lenguaje usado” cuando se mencionaban títulos, ambición, presión. Dejó de ser un tema que se esquivaba para convertirse en el objetivo central.
“Es un poco incómodo a veces, pero cruzar ese obstáculo y ser capaces de hacerlo ha cambiado muchas mentalidades en este edificio”, explicó Greenwood. Ese giro mental terminó con una década de espera: City levantó la WSL y firmó sus primeros trofeos en cuatro años.
Y cuando un grupo por fin gana, algo se desbloquea.
Mary Fowler lo expresó sin rodeos: “En temporadas anteriores quizá nos quedamos cortas porque faltaba un poco de mentalidad, de sentirnos realmente capaces de ganar. Pero ahora que lo hemos hecho, sientes: ‘Eres muy capaz y puedes hacerlo otra vez’”.
No es una frase bonita para una pared. Es el nuevo punto de partida.
Hambre renovada, no alivio
Tras un breve descanso de verano, Jeglertz regresó a un entorno que no olía a complacencia. Nada de relajación post-título. Nada de “ya hemos cumplido”. Lo que encontró fue un grupo más exigente consigo mismo.
“Ya lo he visto en las jugadoras”, contó el técnico. “Tienen una confianza que es genial, que es calmada, pero curiosa sobre cómo damos el siguiente paso. ¿Qué hacemos para ser un poco mejores? Ya lo veo y es algo que debemos mantener todo el año”.
No es solo la idea de que se puede repetir. Es la intención de construir algo más grande.
A ese ecosistema ganador se le han añadido dos perfiles que conocen de memoria lo que significa vivir en la cima.
Niamh Charles llega de una máquina de ganar como Chelsea: cinco títulos consecutivos de WSL y siete copas nacionales en seis años en Londres. Ese currículum pesa.
“Eso significa que tiene un poco de líder dentro”, valora Jeglertz. “Es algo que podremos usar en los entrenamientos y en cómo se gana de un año al siguiente”.
Beth Mead aporta otro tipo de experiencia campeona: dos Eurocopas seguidas con Inglaterra y la Champions de 2025 con Arsenal, derrotando a Barcelona en la final. “Se le ve en los ojos, sigue con muchas ganas de ser parte de esto y de aprender más”, apuntó el entrenador.
Cultura, mentalidad, entorno. En ese terreno, City parece blindada para defender su corona. Pero la temporada que viene plantea un reto nuevo que no admite maquillaje: el calendario.
El reto extra: la Champions y una plantilla más corta
El año pasado, City levantó la WSL sin el desgaste de la Champions. Mientras Chelsea, Arsenal y Manchester United dividían fuerzas, el campeón jugó “solo” a nivel doméstico. Esta vez no será así. Europa vuelve al calendario y la exigencia sube un escalón.
Y ahí asoma la primera duda seria.
Más allá de Mead y Charles, la única incorporación ha sido Carlotta Wamser, capaz de dar profundidad en ambos laterales. Nueve salidas del primer equipo, tres fichajes. El contraste es evidente. No había plan para una revolución, pero el mercado ha dejado una sensación de plantilla menos reforzada de lo esperado.
“La profundidad está ahí”, insistió O’Neill al final de la temporada pasada. “No se trata de transformar la plantilla. Se trata de añadir en las posiciones clave que necesitamos”. El discurso es coherente. La realidad, más áspera: las lesiones tempranas amenazan con poner esa teoría al límite.
El caso más grave es el de Vivianne Miedema. Según se entiende, no regresará hasta 2027. Un golpe mayúsculo. City intentó reforzarse en el último día de mercado, pero ningún fichaje se cerró. La preocupación existe, aunque no se grite.
El club sí ha cubierto vacíos concretos: el lateral izquierdo, con Charles y Wamser tras la salida de Leila Ouahabi, y el frente de ataque con Mead tras el adiós de Kerolin a Barcelona. El resto del plan es claro: crecimiento interno.
Apuestas internas y nombres que deben despegar
Risa Shimizu, cedida el curso pasado a Liverpool, será una pieza clave para dar aire en los laterales. Se esperan temporadas mucho más influyentes de Sydney Lohmann y Grace Clinton. Ninguna de las dos alcanzó el nivel proyectado tras su llegada el verano pasado, frenadas por molestias físicas y por una incapacidad para agarrar las oportunidades con firmeza.
Fowler, por su parte, es una de las grandes incógnitas positivas. En su primer curso completo tras una lesión de ligamento cruzado, ya dejó destellos de su talento desde febrero. Si convierte esos chispazos en continuidad, el techo del equipo sube.
En la delantera, la versatilidad es un arma. Mead, Fowler, Lauren Hemp, Aoba Fujino e Iman Beney pueden moverse por varias posiciones, incluida la de ‘9’ en algunos casos. Con ese abanico, fichar una delantera centro solo para vivir a la sombra de Shaw todo el año no era prioritario.
Desde abajo también llega oxígeno. Sacha Lewis, Amelia Oldroyd y Aoibhe Brennan firmaron su primer contrato profesional este verano. Mayzee Davies, internacional absoluta con Gales, que rubricó el suyo el año pasado, asoma como posible recurso de fondo de armario en este curso.
Y, por encima de todo, la columna vertebral sigue intacta. Shaw, Greenwood, Hemp, Kerstin Casparij, Jade Rose y Yui Hasegawa sostienen uno de los onces más potentes de la WSL. A ese bloque, en algún momento, se sumará Miedema.
¿Basta con esto para aguantar el golpe?
Hay una pregunta que nadie puede esquivar: ¿será suficiente?
City disfrutó de un registro de lesiones casi impecable el año pasado, algo poco habitual en el fútbol moderno. Esa salud fue un factor silencioso en el título. Mantener ese nivel de disponibilidad, ahora con Champions, es un desafío enorme.
O’Neill se mostró tajante: “Hemos aprendido y estaremos absolutamente listas la próxima temporada”. Jeglertz, por su parte, llevaba tiempo con otra idea en la cabeza: el curso pasado, la plantilla le parecía demasiado grande. La ampliación del calendario, para él, es una buena noticia.
“Tenemos demasiadas buenas jugadoras para tan pocos partidos que jugamos”, dijo en mayo. “El año que viene será diferente porque habrá más partidos. La plantilla está construida para eso”.
El discurso suena convincente, pero no tapa los puntos frágiles. Hay posiciones en las que una lesión importante podría resultar devastadora. Y hay otras en las que la preocupación crecerá si algunas jugadoras llamadas a dar un salto –como Lohmann, que ha pasado por quirófano por un problema de cadera, o la propia Clinton– no responden al nivel esperado.
A todo eso se suma un inicio de curso con dudas físicas en varias futbolistas y la certeza de que Miedema arrancará en la grada. No es el escenario ideal para un campeón que quiere confirmarse.
Menos dudas de vestuario, más dudas de fondo de armario
Puede que haya equipos en la WSL con más profundidad pura de plantilla. Pero muchos de ellos arrastran interrogantes sobre su cultura, su cohesión o su capacidad para responder en los momentos de máxima tensión. City, ahora mismo, no.
Construir una dinastía al estilo Chelsea en una WSL más fuerte y más igualada que nunca parece una misión casi imposible. Lo que sí está al alcance es seguir levantando trofeos grandes, seguir peleando por todo, seguir en ese lugar incómodo donde cada derrota se vive como un accidente.
El año pasado, City fue el mejor equipo de Inglaterra “por un país de distancia”. Esa superioridad, sumada a la confianza que dan los títulos y al impacto de las nuevas caras, invita a pensar que el club no volverá a esperar diez años para celebrar otra WSL.
La cuestión ya no es si puede repetir. La cuestión es si este grupo se atreverá a convertir un título histórico en el inicio de una era.






