Gabriel Gudmundsson impulsa la ambición del Leeds en la Premier League
La tabla dice séptimos tras siete jornadas. Una sola derrota en Premier League. Y en Leeds no se conforman. Gabriel Gudmundsson lo deja claro: este equipo ya no se ve como un recién llegado agradecido por sobrevivir, sino como un bloque que se exige dar un paso más.
El lateral izquierdo, de 27 años, arrancó el curso desde la grada por una lesión en los isquiotibiales que lo dejó fuera de los dos primeros partidos. Ahora habla distinto. Habla como alguien que siente que el cuerpo vuelve a responderle y que el vestuario ha subido el listón.
“Me siento bien”, contó en BBC Radio Leeds. Durante el parón de selecciones acumuló minutos, afinó piernas y sensaciones. Y eso, para un jugador que basa tanto en la zancada y la agresividad en banda, marca la diferencia. “Estoy contento de estar de vuelta, y ya llevo un tiempo jugando, lo que se siente bien. No solo yo: el equipo viene firmando buenas actuaciones, se trata de construir sobre eso”.
La palabra clave es precisamente esa: construir. Leeds viene de una temporada en la que logró el objetivo básico, mantenerse y cerrar en una más que digna 14ª posición. Pero el contexto ha cambiado. “Las expectativas desde la temporada pasada a esta son más altas. La gente fuera ahora espera que saquemos puntos en cada partido”, admite Gudmundsson. No lo dice como queja, sino como una especie de contrato moral con la grada. Saben dónde están: una liga brutal, donde cada error se paga. Pero también saben cómo se sienten: “bien, confiados y físicamente fuertes”.
El verano trajo “buenos chicos”, como los define el propio defensa, refuerzos que han añadido competencia y profundidad. No hace falta que dé nombres para entender el mensaje: nadie tiene la plaza asegurada, y eso se nota en la intensidad con la que el equipo compite cada fin de semana. Paso a paso, sin fuegos artificiales, pero con una convicción creciente. “Estamos en un buen camino”, resume. Y ahí aparece otro síntoma de madurez: las sensaciones tras los últimos encuentros.
Leeds viene de dos partidos duros ante equipos de la parte alta. Dos citas que, hace un año, habrían sonado a sufrimiento asegurado. Hoy dejan otro sabor. “Hemos tenido dos partidos complicados últimamente, pero el hecho de que estemos un poco decepcionados por no ganar contra estos equipos top muestra la ambición que tenemos”, explica Gudmundsson. Antes era sobrevivir. Ahora es competirles de tú a tú… y enfadarse si no caen los tres puntos.
Sunderland, una herida abierta
El próximo capítulo llega el domingo, en un escenario que no trae precisamente buenos recuerdos: la visita a Sunderland, colista actual, pero verdugo reciente. La temporada pasada, el duelo directo entre recién ascendidos se inclinó hacia los Black Cats, que terminaron séptimos y con billete europeo, mientras Leeds se conformaba con la salvación. En los enfrentamientos entre ambos, el balance fue amargo para los de Daniel Farke: 1-1 fuera de casa y derrota 0-1 en Elland Road.
Ese historial pesa. Y se nota en el tono de Gudmundsson cuando mira al viaje al norte. “Jugar fuera contra Sunderland siempre es difícil y sabemos que tenemos que ser fuertes”, avisa. Nada de confiarse por ver al rival hundido en la tabla. Ya les castigó el curso pasado.
Lo que cambia ahora es la respuesta emocional. No viajan solo a “hacer un buen partido”. Van con algo más crudo en la cabeza. “Va a ser un desafío, pero también queremos claramente revancha de la última vez que estuvimos allí”, confiesa el sueco. La palabra es fuerte: revancha. Y viene acompañada de una certeza que todavía escuece en el vestuario: “Fuimos el mejor equipo y deberíamos haber ganado ese partido”.
Ese recuerdo se ha convertido en combustible. El mensaje interno es sencillo: no basta con jugar mejor; hay que cerrar los partidos, dominar las áreas, traducir el juego en puntos. “Realmente quieres ir allí y sacar algo este fin de semana”, insiste Gudmundsson. No habla de “no perder”. Habla de salir con botín, de marcar territorio ante un rival que el año pasado les miró por encima del hombro.
El contexto del calendario también aprieta. Tras Sunderland espera Bournemouth, otra salida áspera, otro examen para un Leeds que quiere demostrar que su buen arranque no es un espejismo de otoño. “Sería enorme para nosotros de cara a Bournemouth el fin de semana siguiente, que es otro partido fuera realmente duro”, reconoce el lateral.
Ahí se resume todo: un equipo que se siente fuerte, que se sabe observado con otros ojos y que empieza a medir su crecimiento no solo por la clasificación, sino por la rabia que le genera dejar escapar puntos ante los grandes. La visita a Sunderland no es solo un viaje al campo del colista. Es una prueba de carácter para un Leeds que ha dejado de hablar de supervivencia y empieza, sin complejos, a hablar de ambición.






