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Fulham: Fin de la Era Silva y el Inicio del Experimento Arbeloa

Los pronósticos de los redactores de The Guardian sitúan a Fulham en el puesto 15. Un salto atrás respecto al 11º lugar de la temporada pasada y, sobre todo, un cambio de era en Craven Cottage.

Fin de la era Silva, inicio del experimento Arbeloa

Que Marco Silva cortara el cordón tras cinco años a orillas del Támesis no sorprendió a nadie. Recolocó a Fulham en la élite, lo estabilizó como club de Premier League y lo hizo jugando un fútbol atractivo, pero nunca escondió su ambición: quería Europa. Tampoco disimuló su frustración con una propiedad que, a su juicio, no le siguió el ritmo en la inversión en plantilla.

Con Silva, Fulham fue un equipo incómodo, competitivo, un grupo de “patitos feos” reivindicados que miraba más hacia las plazas europeas que hacia el barro del descenso. A menudo daba gusto verlo. Y casi siempre era un hueso para cualquiera.

Ese ciclo se ha cerrado. Silva se ha marchado a Benfica y, con él, su capacidad para reciclar talento y exprimir veteranos. En su lugar aterriza Álvaro Arbeloa, un perfil radicalmente distinto: mucho menos rodaje en los banquillos, pero un pasado de élite como jugador y el sello de Real Madrid en el currículum.

Su fichaje ha abierto un canal directo con el gigante blanco. Han llegado Gonzalo García y César Palacios, futbolistas a los que Arbeloa ya había guiado en la cantera madridista. No es casualidad que los tres compartan agencia de representación. Tampoco que se hable de posibles movimientos por Endrick y Thiago Pitarch, dos joyas más del ecosistema madridista. De repente, Fulham empieza a sonar a vivero madrileño, a pequeño Santiago Bernabéu sobre el Támesis. Si ese modelo cuaja, será un giro de timón profundo.

Silva confiaba en veteranos curtidos. Dos de sus hombres fuertes, Raúl Jiménez y Harry Wilson, ya no están. Wilson firmó probablemente la mejor campaña de su carrera y, aun así, eligió un nuevo reto en Leeds. El club ha cambiado el enfoque: ahora se trata de fichar jóvenes, pulirlos y revalorizarlos. El espejo obvio está en Brentford, Brighton o Bournemouth, proyectos muy apoyados en los datos.

La pregunta es sencilla y brutal: ¿podrá Fulham replicar ese éxito o se quedará a medio camino? La entidad más enigmática de la Premier se ha vuelto todavía más imprevisible.

Un club brillante por fuera, tensionado por dentro

Fuera del césped, Fulham presume de escaparate. En mayo fue subcampeón en los premios de negocio del fútbol en la categoría de experiencia en estadio. El nuevo Riverside Stand, con su hospitalidad de lujo, completó su primera temporada completa como joya arquitectónica y comercial.

El problema es que el brillo no tapa los números. Los resultados financieros de 2024-25 registran unas pérdidas antes de impuestos de 44,5 millones de libras. Y esa cifra ya estaba aliviada por la venta de João Palhinha en julio de 2024. Desde entonces no ha llegado ningún traspaso de ese calibre.

La familia Khan sigue sosteniendo el proyecto. Se estima que su inversión global ronda los 900 millones de libras, con unos costes de personal equivalentes al 117% de la facturación. Ahí se entiende por qué Silva no recibió el músculo económico que reclamaba. No había margen para más sin tensionar aún más el club.

La relación con la grada tampoco vive su mejor momento. El abono más caro en Craven Cottage, con acceso a las instalaciones del Riverside, se dispara hasta las 3.084 libras, el más alto de la Premier League. Entre los aficionados más fieles, Shahid Khan y su hijo Tony, vicepresidente y responsable de la parcela deportiva, son figuras poco populares. Se les acusa de subir precios sin freno y de orientar el estadio al turismo.

Mientras las cuentas certifican el esfuerzo financiero de Khan para mantener al club en la élite, su estilo de vida no ayuda a calmar los ánimos. Su yate Kismet fue nombrado superyate del año en 2025, con un salón principal inspirado en Versalles y un alquiler que supera los tres millones de dólares por semana. La sensación en la grada es clara: el dueño vive en otro mundo, muy lejos de la realidad de quienes llenan la grada cada dos semanas.

Arbeloa, del palco del Bernabéu al banquillo de Craven Cottage

La figura del nuevo técnico encarna el giro de proyecto. Donde Silva fue un jugador discreto, Arbeloa vivió en la cumbre: campeón del mundo, campeón de Europa, figura respetada en vestuarios de élite y hombre de confianza de Florentino Pérez. El presidente de Real Madrid llegó a pedirle que sustituyera a Xabi Alonso a mitad de la temporada 2025-26. Aquello no cuajó y el salmantino decidió dar su primer paso fuera de Madrid, donde había dejado buena huella como técnico de la cantera.

Ahora el salto es a la Premier. Shahid Khan lo presentó subrayando una idea: “cree en dar oportunidades a los jóvenes”. Una frase que encaja con la nueva hoja de ruta deportiva. Pero hay otro punto clave: Arbeloa comulga con la tradición de Craven Cottage. Le gusta el fútbol abierto, ofensivo, un matiz que ofrece cierta continuidad respecto a la etapa de Silva. No llega para cerrar el grifo del espectáculo.

El matiz táctico, eso sí, será interesante. Fulham presentó la plantilla más veterana de la Premier la temporada pasada. Y su presión fue de las menos agresivas del campeonato: registró el menor número de “high turnovers”, esas recuperaciones en los últimos 40 metros que disparan ataques en campo rival. Curiosamente, incluso un equipo tan poco asociado al pressing como Real Madrid superó con holgura esos registros.

Arbeloa hereda ese contexto. ¿Apostará por un bloque más joven y enérgico para subir la altura de la presión o mantendrá un enfoque más conservador? Ahí se juega buena parte de la identidad del nuevo Fulham.

Gonzalo García, el fichaje que llega con cartel

El nombre que más ilusiona es el de Gonzalo García. Su reputación explotó en el último Mundial de Clubes, donde se coronó como máximo goleador del torneo. En España se le llegó a comparar con Raúl, palabras mayores en el Bernabéu.

Los goles siguieron en la Champions League, con dianas ante Juventus y Borussia Dortmund. Pero el escaparate blanco es despiadado: la estrella de Vinícius Júnior y Kylian Mbappé terminó por cerrarle el paso.

Su fama en España no se limita al área. Se le valora por su trabajo sin balón, un requisito casi obligatorio para sobrevivir en la Premier. El contexto, además, le empuja al protagonismo: las lesiones de Rodrigo Muniz el curso pasado obligaron al veterano Raúl Jiménez a cargar con el puesto de nueve. Ahora García llega más joven, más fresco y con un cartel que le exige responder desde el primer día. El margen de paciencia será corto.

Kusi-Asare, la torre que espera su momento

El otro nombre que asoma es el de Jonah Kusi-Asare. Fulham lo pescó el verano pasado de la cantera de Bayern Munich, que se guardó una cláusula de recompra para no perderle del todo. Antes, el gigante alemán lo había reclutado desde AIK. Es internacional sub-21 con Suecia y las comparaciones con Alexander Isak ya están sobre la mesa.

Su primera temporada en la Premier fue discreta: siete apariciones como suplente, ningún gol. Lo suficiente, sin embargo, para que el club convirtiera su cesión inicial en un traspaso definitivo. A sus 18 años y con 1,96 de altura, ofrece un perfil de delantero muy distinto al de Gonzalo García, más referencia física, más amenaza aérea.

Hay indicios de lo que puede llegar a ser. Hayden Mullins, entonces técnico del sub-21 y hoy entrenador de Newport, vio la mejor versión del sueco el curso pasado: cinco goles en seis partidos. Si Arbeloa decide alternar registros, Kusi-Asare puede convertirse en un arma muy útil.

Un vestuario mundialista y en crecimiento

El impacto del último Mundial también ha dejado huella en Craven Cottage. Gonzalo García llegó a debutar con España en un amistoso previo ante Irak, aunque se quedó fuera de la lista final del combinado que acabaría levantando el título.

Antonee Robinson firmó un gran torneo con Estados Unidos hasta que los coanfitriones cayeron en octavos frente a una Bélgica liderada, entre otros, por Timothy Castagne. Luc de Fougerolles, que aún no ha debutado en Premier con Fulham, brilló como central adolescente en la zaga de Canadá durante su camino hasta las eliminatorias.

Y la guinda la puso Sander Berge. El noruego completó un campeonato sobresaliente y llevó a Noruega hasta los cuartos de final. Un escaparate perfecto para un jugador que puede convertirse en uno de los pilares del nuevo proyecto.

Un Fulham distinto, igual de imprevisible

Entre el adiós de Silva, la llegada de Arbeloa, la vía abierta con Real Madrid y el giro hacia el talento joven, Fulham se presenta a la nueva temporada como un equipo difícil de descifrar. Las previsiones le colocan en la parte baja de la tabla, pero el techo y el suelo del proyecto parecen mucho más amplios que otros años.

El club que ya era un enigma se ha reinventado como un rompecabezas aún más complejo. ¿Será el año en que Craven Cottage vuelva a mirar hacia Europa o uno en el que descubra demasiado tarde que ha coqueteado en exceso con el riesgo?