Francia alcanza semifinales por tercera vez consecutiva
Didier Deschamps salió a la sala de prensa con el gesto sereno de quien ya ha visto casi todo en este deporte, pero con la voz de alguien que sabe que lo que está logrando Francia no es normal. Tres Mundiales seguidos alcanzando las semifinales. Casi una costumbre. Casi.
El seleccionador francés empezó por lo urgente: el estado físico de su capitán. Kylian Mbappé encendió alguna alarma al ser sustituido en el tramo final, pero Deschamps bajó de inmediato el volumen de la preocupación. Explicó que su estrella arrastra un problema leve en el tobillo y que jugó con dolor, sin que se trate de una lesión grave. Un matiz importante en un equipo que respira al ritmo de su número 10.
No fue el único tocado. Manu Koné sufrió un golpe en la rodilla y terminó con calambres, otro recordatorio de la exigencia del encuentro. Deschamps, sin embargo, aprovechó la ocasión para subrayar algo que repite desde hace años: la fuerza del grupo. Destacó la entrada de Warren Zaïre-Emery, al que elogió por el impacto “muy, muy bueno” nada más pisar el césped. El mensaje quedó claro: los que esperan su momento en el banquillo deben estar listos para cambiar un partido en cuestión de segundos, y lo están.
La victoria tuvo aristas. Francia falló un penalti, desperdició ocasiones claras y se complicó una noche que pudo haber sido más tranquila. El propio técnico lo reconoció sin rodeos: el partido fue “complicado” y las oportunidades perdonadas abrieron la puerta a la incertidumbre. En ese contexto, la reacción de Mbappé resultó decisiva. El capitán, señalado por el penalti fallado, respondió con carácter y con gol, devolviendo a su selección al guion previsto: el de una potencia que, incluso cuando se enreda, acaba imponiendo su jerarquía.
Semifinales Consecutivas
Deschamps habló de estas tres semifinales consecutivas casi con naturalidad, como si fuera lo lógico para un grupo de este nivel. “Tengo grandes jugadores”, recordó, como quien explica lo evidente. Francia, insistió, está exactamente donde quería estar en este torneo. Ahora, el plan pasa por recuperar fuerzas y observar con atención al próximo rival, que saldrá del duelo entre España y Bélgica. Un cruce de estilos y talentos que definirá el siguiente obstáculo en el camino de los Bleus.
Más allá de la pizarra, el técnico quiso detenerse en lo que se está viviendo al otro lado de la frontera. Habló de emociones, de pasión desbordada en Francia mientras el equipo vive “en su burbuja” durante la concentración. Recordó que esa conexión con la gente es, en el fondo, la esencia del deporte: generar sentimientos y compartirlos. Y, al mismo tiempo, marcó el listón de exigencia interna. Los jugadores, recalcó, tienen el deber de hacer todo lo posible por llegar “lo más lejos posible”.
La clasificación a las semifinales es, en palabras del propio Deschamps, “un paso importante”. No el destino final. Francia vuelve a situarse entre los cuatro mejores del mundo y lo hace con la sensación de que esta generación no se conforma con estar cerca de la gloria. La misión sigue abierta, el margen de error se estrecha y el capitán arrastra un tobillo sensible. La pregunta, a estas alturas, ya no es si este equipo puede llegar al último escalón, sino qué será capaz de hacer cuando vuelva a mirarse de frente con la historia.






