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Erling Haaland sobre la presión en Inglaterra: "Debería estar toda en ellos"

En la antesala de un cuarto de final cargado de historia para Noruega, Erling Haaland eligió el papel menos habitual para una superestrella: el del aspirante sin nada que perder. Lejos de inflar el discurso, el delantero miró a la cámara y señaló a la otra orilla.

“Hay una probabilidad muy baja de que ganemos. Creo que todos ustedes deberían poner toda la presión en Inglaterra”, dijo a NRK, dejando claro quién carga con la etiqueta de favorito.

Un gigante que se siente outsider

Noruega ha ido avanzando a golpe de sorpresa, de resistencia y de un Haaland que ha llegado sano al tramo decisivo de un calendario extenuante. El relato fácil le colocaría en el centro del escenario, pero él insiste en apartarse un paso, casi empujando el foco hacia el rival.

No es casualidad. Inglaterra llega con una plantilla más profunda, con más experiencia en estas alturas y con la obligación histórica de pelear por el título. Noruega, en cambio, aparece como el invitado incómodo, ese equipo que nadie quiere cruzarse porque juega sin miedo y sin mochila.

Haaland lo sabe. Y lo explota.

Cara a cara con el vestuario del City

El duelo tiene además una carga emocional evidente para el delantero. Al otro lado del campo le esperan dos compañeros de su día a día en el Manchester City: John Stones y Marc Guehi.

“Es un poco raro. Estás con ellos más que con nadie en tu vida. Marc Guehi y John Stones son personas con las que he estado bromeando durante muchos años, así que es un poco raro. Es algo especial”, reconoció en declaraciones recogidas por Nettavisen.

La frase dibuja bien el contraste: de compartir bromas, viajes y vestuario durante todo el año a pelear por un billete a semifinales con la camiseta de la selección. Hoy no hay complicidad, no hay códigos internos de club. Solo un cruce directo entre amigos que se conocen cada movimiento.

El cuerpo como arma secreta

Si Noruega está aquí, Haaland no solo lo explica con goles. También con algo que en los últimos años se ha convertido en una obsesión para las grandes estrellas: entender su propio cuerpo.

El delantero subrayó el trabajo conjunto de su selección y del Manchester City para llegar en plenitud física a este tramo de la temporada. “Lo he sabido durante mucho tiempo. Solo tengo que rendir tributo a Stale y al City”, afirmó, en referencia al seleccionador Stale Solbakken y a su club.

Luego fue un paso más allá. No se trata solo de acumular minutos, sino de cómo se llega a ellos.

“Funciona bien, y como acabo de decir, no se trata solo de jugar tantos partidos. Tienes que prepararte de una manera un poco diferente, así es. Se trata de saber lo que necesitas, y yo lo sé. Conozco mi cuerpo, no me he lesionado mucho y eso es una buena señal”.

Detrás de esa reflexión hay años de ajuste fino: gestión de cargas, descanso, nutrición, trabajo específico. Un delantero de su tamaño, explosivo y sometido a tanta exigencia, no se mantiene entero por casualidad.

Un cuarto de final con doble filo

La ecuación es clara: una Noruega sin complejos, un Haaland sano y liberado de la losa del favoritismo, y una Inglaterra que carga con el peso del “deber” avanzar. El noruego ha colocado el relato donde quería: si gana, será otra sorpresa; si pierde, habrá cumplido la lógica.

Entre líneas, su mensaje también suena a aviso. Si él se siente bien, si su cuerpo responde y su cabeza está ligera, Noruega siempre tendrá una opción, por pequeña que sea.

La pregunta es simple y brutal: ¿podrá Inglaterra manejar esa presión que Haaland le ha pasado, casi con una sonrisa, antes de que ruede el balón?