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Dusan Vlahovic: Un delantero sin club en el mercado de fichajes

En pleno verano de fichajes, cuando los mejores jugadores libres ya han encontrado destino o al menos tienen un preacuerdo escondido en alguna bandeja de entrada, hay un nombre que sigue flotando en el aire sin aterrizar en ninguna parte.

Dusan Vlahovic.

Un delantero de 26 años, ocho temporadas completas de Serie A entre Fiorentina y Juventus, seis cursos seguidos en dobles dígitos de goles… y sin club a las puertas de agosto. El contraste es llamativo: según Transfermarkt, es el agente libre más valioso del mercado, tasado por su algoritmo en unos 30 millones de libras. En la práctica, nadie termina de dar el paso.

Un ‘nueve’ hecho y derecho… pero incompleto

El perfil de Vlahovic, sobre el papel, seduce. Delantero grande, dominante por arriba, capaz de finalizar con ambas piernas, peligroso a balón parado. Puede bajar un balón largo, aguantar de espaldas, girarse y también conducir metros hacia adelante. Es un ‘nueve’ clásico con rasgos modernos.

No es, sin embargo, un producto terminado. Le falta finura en el juego asociativo, no es un especialista en la presión alta y su rendimiento ha sido irregular. Hay partidos en los que parece el ariete que justificó una operación de hasta 80 millones de euros cuando Juventus lo sacó de Fiorentina con apenas 22 años. Y hay otros en los que desaparece.

Esa dualidad explica buena parte de su presente.

Del gran proyecto a la duda permanente

En Florencia se intuía que Vlahovic podía ser uno de los grandes ‘nueves’ de la década. Arsenal lo quiso, Juventus lo consiguió. La apuesta era clara: convertirlo en el hombre de los 20 goles por temporada que liderara la siguiente etapa del club.

La realidad se ha quedado a medio camino. Su mejor registro en una campaña completa con la Juventus fueron 18 goles en la 2023-24. En la última, solo 10. El promedio general ronda los 15 tantos por curso en Turín, una cifra respetable, pero lejos de lo que se esperaba de una inversión de ese calibre y, sobre todo, de un salario de superestrella.

Ahí está el nudo del problema.

Vlahovic no ha alcanzado el escalón de la élite absoluta. Aún tiene margen para crecer, pero el tiempo empieza a apretar. Y crecer sin club, sin contexto competitivo, es imposible.

El peso de un sueldo de estrella

La mayor barrera hoy no es futbolística, sino económica. La temporada pasada, Vlahovic fue el jugador mejor pagado de la Juventus y de toda la Serie A. Hasta 22 futbolistas con salarios inferiores marcaron más goles que él. La descompensación entre sueldo y rendimiento es demasiado evidente como para que los grandes miren hacia otro lado.

Sus emolumentos representan al jugador que muchos proyectaron, no al que realmente ha sido hasta ahora. Por eso los clubes de la cúpula, los que aspiran a todo cada año, miran sus números con recelo. Cuando el nombre del serbio se puso sobre la mesa del Barcelona, necesitado de un ‘nueve’, la reacción fue de cautela.

Los equipos un peldaño por debajo —históricos, ambiciosos, pero lejos del máximo nivel competitivo— tampoco se lanzan sin red. Manchester United, por ejemplo, aparece en los rumores, se le vincula, se le coloca en las quinielas… pero no hay acuerdos, ni revisiones médicas, ni nada que se le parezca.

Incluso la propia Juventus podría haberlo retenido de no ser por sus exigencias salariales. Según Tuttosport, el delantero reclamaba unos 8 millones de euros netos por temporada, alrededor de 132.000 libras a la semana. Una cifra que en Italia marca un techo. Giorgio Chiellini, hoy director del club y excompañero suyo, fue claro: con esas cantidades, su continuidad en la Serie A era inviable y lo lógico era que buscara otro tipo de contrato.

Rebajar el listón… pero no para todos

La solución está a la vista: rebajar pretensiones. Tragarse algo de orgullo y ajustar el salario al rendimiento real. Las informaciones apuntan a que Vlahovic estaría dispuesto a hacerlo, pero no con cualquiera. A un club como Barcelona le pediría menos que a un Besiktas, uno de los nombres que circulan como alternativa.

El razonamiento es comprensible: menos dinero a cambio de un escaparate mayor. El dilema, esta vez, se traslada a los despachos de los clubes. ¿Hasta qué punto compensa asumir el riesgo deportivo por un jugador que no ha terminado de confirmar las expectativas, aunque llegue libre?

Porque sí, Vlahovic no exige traspaso. Esa es su gran baza. En un mercado donde casi nadie suelta a su ‘nueve’ titular y donde los delanteros de primer nivel escasean, un ariete de buen nivel, aunque no sea top, debería ser una pieza muy codiciada. Más aún cuando el cierre de mercado se acerca y los nervios empiezan a aflorar.

Un vacío que empieza a pesar

Como agente libre, Vlahovic puede firmar incluso después de que se baje la persiana del mercado. El calendario juega a su favor en ese aspecto. Pero también en su contra: cada semana sin entrenar con un grupo, sin automatismos, sin ritmo de competición, es un paso atrás.

Lo lógico sería verle ya con la camiseta de su nuevo club, con el orgullo herido y la ambición disparada, decidido a demostrar que muchos se equivocaron al dudar de él. De momento, la escena es otra: un delantero en el punto medio entre lo que fue, lo que pudo ser y lo que quizá aún está a tiempo de ser, viendo cómo arranca una temporada que, a día de hoy, no tiene equipo para jugar.

Si el mercado no se rompe pronto por él, la pregunta dejará de ser quién se atreve a ficharlo y pasará a ser algo mucho más incómodo: cuánto tiempo puede permitirse un delantero de 26 años, en teoría en su plenitud, viendo el fútbol desde el sofá.