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Draper decide un partido áspero y Lincoln se mantiene invicto

Un cabezazo casi imperceptible de Freddie Draper, salido desde el banquillo, decidió un partido áspero en Deepdale. Minuto 81, saque de banda largo de Andrei Coubis, un toque mínimo del delantero y 0-1 para un Lincoln que ya suma cuatro jornadas de liga sin perder. Para Preston, otro golpe: solo tres puntos de los primeros 21 posibles y una sensación de déjà vu inquietante.

Mucho centro, poca puntería

El equipo de Paul Heckingbottom arrancó con ímpetu, volcando el juego hacia las bandas y llenando el área de Lincoln de centros. La intención era clara, la ejecución no tanto.

La primera ocasión clara, sin embargo, fue visitante. Reeco Hackett colgó un balón medido y Rob Street conectó un cabezazo que se marchó desviado tras tocar en un defensor. Aviso serio en medio del dominio territorial local.

Preston respondió con una acción envenenada: un centro de Andrija Vukcevic se cerró peligrosamente hacia la escuadra y obligó a George Wickens a una estirada acrobática para evitar el gol en propia puerta. El portero de Lincoln empezaba a dejar claro que iba a tener tarde larga.

Johnny Kenny tuvo la siguiente, dentro del área, pero la mandó por encima del larguero. Poco después, Stanley Mills probó desde media distancia y volvió a encontrarse con Wickens, firme bajo palos.

El guion se repetía: Alfie Devine puso un centro tenso que Kenny no alcanzó por centímetros en el segundo palo. Liam Gibbs también se sumó a la oleada de centros, uno de ellos se marchó apenas demasiado alto para Callum Lang, y más tarde el propio Gibbs rozó el gol con un disparo cruzado que salió lamiendo el poste. Preston se acercaba. No remataba.

Lincoln resiste… y golpea

Tras el descanso, el asedio se intensificó. Preston siguió cargando el área con balones laterales. Lang apareció en el segundo palo para rematar un centro que rebotó en el pie de Wickens y se fue a córner. Kenny insistió y volvió a obligar al guardameta a intervenir.

Lincoln, mientras tanto, se agarraba al partido desde atrás y buscaba su momento al contragolpe. Conor McGrandles dispuso de una buena ocasión, pero Daniel Iversen respondió con una parada segura. Poco después, el escocés puso un balón bombeado al segundo palo que se quedó a nada de encontrar la cabeza de Ben House.

House volvió a aparecer dentro del área con espacio y su pase raso se estrelló en el cuerpo de Harry Clarke. Los jugadores de Lincoln pidieron penalti, pero el árbitro dejó seguir. Señal clara: los visitantes no renunciaban a morder cuando podían.

Preston siguió empujando. Jordan Storey estuvo a punto de romper el muro, pero Dom Jeffries apareció bajo palos para sacar su remate sobre la línea. Otra ocasión clara que se escapaba. Otra muesca en la frustración local.

Y entonces llegó el castigo.

Saque de banda kilométrico de Coubis, directo al corazón del área. Draper atacó el espacio y, con el toque más sutil de la tarde, desvió lo justo con la cabeza para superar a Iversen. Un gesto mínimo, un impacto máximo. Lincoln, por delante a nueve minutos del final.

Orgullo defensivo y frustración local

El tramo final fue un monólogo de centros al área de Lincoln. Balones colgados, segundas jugadas, rechaces. Todo lo que suele generar ruido en un estadio. Esta vez, sin premio para el equipo de Heckingbottom.

La zaga visitante se mantuvo firme, como reivindicó después Tom Shaw. El técnico de Lincoln recordó que el equipo ha construido su éxito “en el lado feo del fútbol”, en esa defensa del área que también se entrena y que, según él, se ve a diario en un campo de entrenamiento plagado de duelos y empates sin goles.

Heckingbottom, por su parte, no escondió la frustración: habló de falta de “ese algo” que tuvo Lincoln, de la necesidad de ser ellos quienes “fuerzan el balón dentro” en los momentos decisivos. Es ahí donde se está decidiendo el arranque de temporada de Preston.

Lincoln se marcha con tres puntos “horribles”, de esos que se celebran casi tanto como los brillantes, porque refuerzan identidad y vestuario. Preston se queda con otra colección de ocasiones falladas y una pregunta incómoda: cuánto tiempo puede aguantar un equipo que compite, pero no remata.