La decisión de Abby Erceg y su carrera en el fútbol femenino
Hay decisiones que definen una carrera. La de Abby Erceg, quizá, la separó para siempre del gran escenario… en su propia casa.
El Mundial soñado que nunca fue
Para cualquier futbolista, disputar un Mundial en su país es la postal perfecta del adiós. Para Erceg, capitana histórica de las Football Ferns, era algo más: el cierre lógico a una trayectoria de 146 partidos internacionales, tres Mundiales, tres Juegos Olímpicos y 49 brazaletes de capitana.
Y, sin embargo, dijo no.
“Fue una decisión realmente dura”, admite. No se trató de un arrebato. La defensora lo maduró “durante mucho, mucho tiempo”, habló con mucha gente, pesó cada ángulo. El corazón le pedía vivir el Mundial en casa; la conciencia profesional, otra cosa.
“Ese es el sueño, ¿no? Quieres jugar un Mundial en casa y habría sido hacia el final de mi carrera internacional, una especie de despedida perfecta. Pero simplemente no me encajaba, ni a nivel personal ni profesional”.
La frase resume el choque. El romanticismo del momento contra la realidad del entorno.
North Carolina, la otra cara del fútbol
Erceg no se esconde tras grandes gestos heroicos. No se considera especialmente valiente por haberse quedado fuera del torneo.
“Valiente en el sentido de que tienes que seguir adelante con ello, sí”, concede. Pero su razonamiento fue frío: dejar un contexto de élite por otro que sentía que no le aportaba como futbolista.
Mientras en Nueva Zelanda se preparaba el Mundial, ella vivía en uno de los ecosistemas más competitivos del planeta: North Carolina Courage, potencia de la National Women’s Soccer League. “Estábamos teniendo mucho éxito y fue muy difícil dejar ese entorno para ir a uno que no sentía que me estuviera sirviendo como jugadora. Tuve que tomar esa decisión por mi carrera”.
No era la primera vez que chocaba con el sistema. Ya se había retirado en 2017 y otra vez en 2018, molesta por lo que consideraba falta de apoyo y recursos de la federación hacia el fútbol femenino. Volvió antes del Mundial de 2019, porque el equipo la necesitaba y porque aún sentía que podía dar más. Pero su relación con la camiseta de las Ferns siempre tuvo algo de tira y afloja.
Una leyenda incómoda… y necesaria
Pese a las dudas, la historia es contundente: Erceg es una de las futbolistas más importantes que ha dado Nueva Zelanda. Tres Mundiales, tres Juegos Olímpicos, primera Fern en alcanzar los 100 partidos, hasta llegar a 146. Tres títulos de la NWSL: uno con Western New York Flash en 2016 y dos con North Carolina Courage en 2018 y 2019.
Su ausencia en el Mundial de casa abre inevitablemente la puerta a la especulación. ¿Qué habría pasado con su experiencia en la zaga tras el impactante 1-0 ante Noruega en el debut? Las Ferns no lograron sostener ese impulso: derrota 0-1 ante Filipinas, empate 0-0 frente a Suiza y adiós prematuro.
Es imposible saber si su presencia habría cambiado el guion. Pero la pregunta queda flotando.
México, un nuevo mundo
Tras 12 años en Estados Unidos, Erceg decidió cambiar de rumbo. Su última parada ha sido Toluca, en México. Y ahí, lejos de los focos habituales, encontró algo que la marcó.
“Fue fenomenal. La cultura, la comida, la gente, el fútbol, la emoción que lo rodea. Un país increíble”, resume. A sus 36 años, habla de esa etapa como una de las mejores experiencias de su vida. No lo dice a la ligera.
Ese entusiasmo contrasta con la incertidumbre sobre su futuro inmediato. No tiene aún claro el próximo paso, pero deja caer un deseo: estar más cerca de casa.
“Hay ofertas de todas partes”, reconoce. De Nueva Zelanda, de la A-League, de nuevo en México, de clubes en Estados Unidos. El mercado la sigue mirando. Ella, sin embargo, empieza a mirar otra cosa.
“Llegas a un punto de tu carrera en el que la familia se vuelve importante. Me he perdido gran parte de la vida de mi familia. Me he perdido mucho de la vida de mis sobrinos. Tienes que empezar a tener esas cosas en cuenta”.
Un reto llamado Chelsea
Antes de decidir su próximo club, tiene una cita que no admite distracciones: un amistoso de alto voltaje ante Chelsea, ocho veces campeón de Inglaterra. Un gigante europeo frente a un combinado neozelandés armado casi a contrarreloj.
“Va a ser un desafío, y esa es la palabra educada”, suelta con una sonrisa que se intuye. Apenas unas semanas de trabajo para medirse a uno de los mejores equipos de clubes del mundo. El desequilibrio de medios es evidente; el valor del examen, también.
“Va a ser una verdadera lección para mucha gente sobre dónde se sitúa el fútbol neozelandés porque jugamos contra uno de los mejores equipos femeninos del mundo. No tenemos mucha preparación, así que vamos a tener mucho trabajo. Pero al mismo tiempo, es bueno tener un equipo de tan alto calibre en Nueva Zelanda y la exposición es genial”.
No es solo un partido. Es un espejo. Para un país que busca su lugar en el mapa del fútbol femenino. Para una generación que creció viendo a Erceg liderar desde atrás. Y para una veterana que, tras decir no al Mundial de su vida, sigue eligiendo el camino más difícil.
La cuestión ahora es otra: ¿dónde escribirá el próximo capítulo de su carrera una futbolista que nunca ha tenido miedo de ir a contracorriente?






