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Cubarsí y Yamal: Los prodigios que lideran a España en el Mundial

Luis de la Fuente dejó fuera a Pau Cubarsí de la lista para la Euro 2024 cuando el central apenas tenía 17 años. Lo explicó sin rodeos: no era una cuestión de edad, sino de nivel. En aquel momento, decía, tenía cuatro centrales “de un nivel superior”. Meses después, en pleno Mundial, esa frase ya suena a pasado remoto. Hoy cuesta encontrar muchos defensas en el torneo que estén jugando por encima de Cubarsí. Si es que hay alguno.

Un muro que empieza en el área rival

La impecable hoja de servicios defensiva de España en Norteamérica no es obra de un solo hombre. Es un mecanismo coral. Mikel Oyarzabal inicia la presión como si le fuera la vida en ello, Rodri gobierna la zona ancha con una autoridad que nadie discute y la línea de cinco —portería incluida— funciona como una pieza compacta, sin fisuras aparentes. Cinco partidos, cinco porterías a cero. Un mensaje al resto del Mundial.

Marc Cucurella está justificando por qué el Real Madrid ha desembolsado 60 millones de euros para sacarlo del Chelsea. Unai Simón ha respondido con cinco partidos perfectos a quienes pedían a David Raya o Joan García. Aymeric Laporte, con 32 años, parece haber detenido el tiempo. Y Pedro Porro, con la camiseta de la selección, no se parece en nada al futbolista intermitente que se ve tantas veces en el Tottenham.

En medio de ese entramado, sin embargo, hay una figura que pide foco propio. Cubarsí.

Un adolescente que manda como un veterano

La serenidad con la que está jugando el Mundial no debería sorprender… y, sin embargo, impresiona. Con 17 años ya se había hecho un hueco fijo en el once del Barcelona. Xavi, que algo sabe de futbolistas que marcan época, habló de él en los mismos términos que de Lamine Yamal: “jugador que define una era”. Carles Puyol, referencia absoluta en el Camp Nou, llegó a pronosticar que sería el central número uno del club durante, al menos, 15 años.

Cubarsí insiste en que no siente presión. Que en el césped se aísla. Que disfruta. Eso no hace menos extraordinario lo que está firmando con 19 años en un Mundial. Defensivamente, no ha dado un paso en falso. Ni uno. Laporte, a su lado, le ha ofrecido el abrigo perfecto. Experiencia, colmillo, oficio. De la Fuente lo ha subrayado: esa pareja ha encontrado un equilibrio “fenomenal” en el corazón de la zaga.

Pero Cubarsí no es solo un central que despeja y corrige. Es, también, un organizador más. Un producto puro de La Masia, educado en la salida limpia desde atrás, en el pase que rompe la primera línea de presión, en la lectura paciente del juego. No es casualidad que, a estas alturas del torneo, solo Rodri haya completado más pases que él. Desde el eje de la defensa, maneja el ritmo como un veterano de 30 años.

Por eso se ha vuelto imprescindible. Forma parte del reducido grupo de cuatro jugadores de la selección que han disputado todos los minutos del Mundial. Un intocable. Un pilar de un equipo que se ha acostumbrado a no sufrir atrás.

Yamal, el genio que se está guardando algo

Al otro lado del campo, la historia es distinta, pero igual de inquietante para los rivales. Lamine Yamal ha llegado al Mundial con freno de mano. Una lesión en los isquiotibiales le cortó en seco la temporada 2025-26 con el Barcelona y, durante semanas, dejó en el aire su presencia en la cita mundialista.

No jugó ni un minuto en los amistosos previos. Apenas 19 minutos en el inesperado 0-0 ante Cabo Verde. Lo justo para volver a oler la pelota. Después, media parte en el 4-0 a Arabia Saudí en Atlanta. Media parte que bastó para cambiarle la cara a España: abrió el marcador y amplió el abanico ofensivo de La Roja de forma brutal.

Ahí se vio al Yamal eléctrico, imprevisible, que desborda por dentro y por fuera. El que obliga a las defensas a recular. El que, con un simple amago, abre autopistas a sus compañeros. Pero esa versión todavía no se ha mantenido con continuidad.

Frente a Austria, en la goleada de octavos, dejó detalles de su repertorio habitual. Regates, giros, duelos ganados. España, además, se convirtió en el primer equipo desde el Brasil de Pelé en 1958 en alinear a dos adolescentes como titulares en un partido de eliminación directa de un Mundial. Una imagen de futuro. Una declaración de intenciones.

Sin embargo, contra Portugal volvió a encontrarse con su sombra: Nuno Mendes. Como en otras noches, el lateral le secó casi todo. España ganó 1-0, pero el extremo más temido del planeta sigue sin repartir una sola asistencia en el torneo y apenas ha generado cinco ocasiones claras en lo que va de campeonato.

Un talento que se enciende cuando queman las manos

Lo llamativo es que Yamal no se engaña. No se protege. No se esconde detrás de las estadísticas. Asume que está lejos de su techo y lo dice. “Soy muy exigente conmigo mismo. Nunca estoy satisfecho con lo que hago”, explicaba en una entrevista con Mundo Deportivo. Recordaba, también, que venía de casi dos meses parado. Que no es lo mismo llegar rodado, con siete partidos seguidos en las piernas, que aterrizar de golpe en un Mundial.

Su receta es simple: tocar más balón, sumar minutos, dejar que el cuerpo y la cabeza vuelvan a sincronizarse. Y, sobre todo, esperar el partido grande. “Ese partido llegará”, avisaba. Para él, el torneo empieza de verdad en los cruces. Octavos, cuartos, semifinales. Ahí donde el margen de error se reduce a cero. “Cuanto más se acercan los partidos importantes, mejor juego”, admite.

No es una frase vacía. En la Euro 2024, Yamal apareció cuando la presión asfixiaba. Decidió partidos, agitó defensas, cambió el curso del torneo para España. La historia reciente le da la razón: su pico competitivo suele coincidir con las noches de mayor exigencia.

Ahora se asoma un nuevo examen: Bélgica en cuartos. Yamal llega sin haber explotado del todo, con números discretos para su estándar, pero con la sensación de estar cargando la batería para lo que viene. Si su teoría se cumple, el Mundial está a punto de ver al Yamal de las grandes ocasiones.

España, entre dos prodigios

El escenario es inquietante para cualquiera que se cruce con La Roja. Por un lado, un central de 19 años que juega como si llevara una década en la élite, que ha convertido la defensa española en una muralla y que, con balón, actúa como un centrocampista más. Por otro, un extremo de 18 años que aún no ha encendido del todo el motor… y que históricamente se crece cuando el torneo entra en su tramo más cruel.

De la Fuente dejó a Cubarsí fuera de la Euro porque, decía, tenía centrales de “mayor nivel”. Hoy, ese mismo seleccionador dirige un equipo que se apoya en un central que apunta a marcar una era y en un atacante que ya decidió una Eurocopa siendo casi un niño.

Si Yamal vuelve a aparecer cuando los partidos se conviertan en puñales y Cubarsí mantiene este nivel de jerarquía silenciosa, la pregunta ya no es si España puede competir el Mundial. La cuestión es quién se atreve a discutirle el trono a una selección que, de repente, parece haber encontrado a sus dos nuevos hombres de época, uno para sostener el futuro desde atrás y otro para romperlo todo en el último tercio.