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Cody Gakpo y la fe en el vestuario de Países Bajos

Cody Gakpo, fe y vestuario unidos antes del examen contra Suecia

La selección de Países Bajos llega al borde del precipicio deportivo, pero con las ideas claras puertas adentro. Tras el 2-2 ante una Japón valiente en Arlington, el equipo de Ronald Koeman se juega la vida en el Mundial frente a una Suecia lanzada. El partido en Houston, el sábado, ya huele a cruce eliminatorio encubierto.

En medio de la tensión, Cody Gakpo habla de algo poco habitual en las ruedas de prensa: fe, oración y cohesión.

Un grupo de oración como pegamento del vestuario

En la concentración neerlandesa en Kansas City, el atacante de Liverpool explicó que un grupo de entre 11 y 12 jugadores se reúne de forma regular para rezar juntos. No es un detalle menor en un vestuario que llega tocado por el empate del debut y por la presión histórica de una selección tres veces subcampeona del mundo.

“Tenemos grandes esperanzas en nosotros mismos”, dijo Gakpo. “Sentimos que tenemos un buen grupo y, al final, tenemos que demostrarlo en el campo, pasar la fase de grupos y después seguir empujando”.

El delantero detalló que esas reuniones van más allá del ritual: son un espacio para hablar de fe y de apoyo mutuo. Él suele ser uno de los que lidera la oración, pero insiste en que todos aportan algo.

“El grupo de chicos se está haciendo cada vez más grande. Y eso también trae una cierta cohesión”, apuntó. No solo en lo futbolístico. Gakpo subrayó que ese vínculo se nota fuera del césped, en la convivencia diaria, en la forma de darse fuerza “en momentos como estos, cuando realmente tenemos que estar ahí los unos para los otros”.

La idea es clara: construir una unidad que no se limite a los 90 minutos. Un bloque que se sostenga también cuando las cosas se tuercen.

Suecia, un rival desatado y con rostro conocido

El problema para Países Bajos es que el siguiente examen no admite titubeos. Suecia llega lanzada, con Graham Potter al mando y una goleada inaugural que retumba: 5-1 a Túnez, con una delantera que asusta. Alexander Isak y Viktor Gyokeres son el cartel luminoso de un equipo que juega con hambre.

Gakpo conoce bien el peligro. Comparte vestuario en Liverpool con Isak, que aterrizó desde Newcastle por una gran suma, pero se perdió buena parte de su primera temporada por una lesión de tobillo que incluyó fractura de peroné. Volvió al final del curso, marcó, rindió y ahora ha arrancado el torneo con la misma determinación.

“Jugador especial, y estuvimos muy contentos de que regresara de la lesión”, recordó Gakpo. “Al final estaba en forma, marcó algunos goles y jugó bien. Y obviamente empezó muy bien el torneo con su actuación. Todo el mundo sabe lo bueno que es, así que tenemos que estar pendientes de él”.

La advertencia es directa. Países Bajos no puede permitirse desconexiones ante un ataque que huele sangre. El margen de error se ha agotado tras el tropiezo ante Japón.

Borrar Anfield, resetear en naranja

En lo personal, Gakpo también llega a este Mundial con cuentas pendientes. Su temporada en Liverpool terminó marcada por la destitución de Arne Slot y por un rendimiento colectivo que dejó un poso amargo.

“La última temporada en Liverpool no es algo a lo que mucha gente quiera mirar atrás, desgraciadamente”, admitió. No se recrea en el fracaso. Lo asume como parte del juego y pasa página: “Eso también es fútbol. Tenemos que seguir adelante. Aquí es un entorno completamente diferente, es un equipo completamente diferente”.

Ese “aquí” lo cambia todo. En la selección, Gakpo se siente en otro escenario, con otros códigos y otra responsabilidad. Koeman necesita su mejor versión, no la sombra del jugador que sufrió en Anfield.

La ecuación es sencilla: si Países Bajos quiere seguir con vida, su talento ofensivo debe aparecer y su nueva “unidad” interna tiene que traducirse en carácter competitivo.

El sábado en Houston se verá si las oraciones del vestuario neerlandés se convierten en fútbol, puntos… y un Mundial que siga vivo.

Cody Gakpo y la fe en el vestuario de Países Bajos