Jude Bellingham reflexiona sobre la Eurocopa: Errores fuera del campo
La nueva Inglaterra de Thomas Tuchel se vende como una “hermandad”. Un grupo unido, sin fisuras, concentrado en un único objetivo: conquistar el Mundial este verano. Pero Jude Bellingham, una de las grandes voces del vestuario, no olvida lo que ocurrió hace dos años en la Eurocopa de Alemania. Y no fue precisamente un vestuario de postal.
“En la Eurocopa creo que hicimos algunas cosas mal fuera del campo, no sentí que el grupo conectara tan bien como podía por varias razones”, admitió el centrocampista de Real Madrid desde la concentración de Inglaterra en Estados Unidos. Una frase que golpea de lleno al recuerdo de un torneo en el que el equipo de Gareth Southgate alcanzó la final, pero nunca terminó de convencer.
Inglaterra llegó a Alemania como una de las dos o tres grandes favoritas, como recordó el propio Bellingham. El cartel era de aspirante máximo. El juego, no tanto. “No estábamos jugando bien, lo cual no ayuda, así que incluso cuando ganábamos no teníamos la sensación de estar tan felices como deberíamos”, reconoció.
Una final sin alma
El equipo alcanzó la final ante España, pero el camino fue una larga caminata sobre el alambre. Bellingham tuvo que rescatar a Inglaterra con una chilena en el último minuto ante Eslovaquia en octavos para forzar la prórroga. Más tarde, el equipo necesitó los penaltis para superar a Suiza en cuartos y un gol en el descuento para tumbar a Países Bajos en semifinales.
A ojos de cualquiera, la chilena ante Eslovaquia fue uno de los momentos más icónicos de la historia reciente de la selección inglesa en grandes torneos. Para Bellingham, sin embargo, ese recuerdo tiene un matiz incómodo.
“Todavía recuerdo cómo me sentía en ese momento. Siempre me hace sentir un poco incómodo porque era una situación muy mala”, explicó. “No estábamos jugando bien. Recuerdo de niño ver Mundiales y Eurocopas en las que nos eliminaban contra equipos contra los que no deberíamos haber caído y pensar: ‘Vaya, estoy a punto de ser parte de uno de esos momentos’. Eso sacude a todo el fútbol inglés.”
La imagen es poderosa: una estrella de 21 años, en pleno corazón del drama, consciente de que estaba a un paso de repetir los viejos fantasmas de su selección. El gol cambió la historia del partido, pero no borra la sensación de que algo fallaba en el ambiente.
Tuchel y la “hermandad” perdida
Ahí entra la mano del nuevo seleccionador. Thomas Tuchel ha hablado abiertamente de construir una “hermandad” en el vestuario, una idea que, a la luz de las palabras de Bellingham, no existió del todo en 2024. El alemán quiere un grupo que se mire a los ojos, que comparta algo más que minutos y tácticas. Quiere, en definitiva, arreglar lo que Bellingham señala como la gran grieta: la falta de conexión humana.
El diagnóstico del centrocampista no apunta a un solo culpable, pero sí marca un contraste claro entre lo que fue y lo que pretende ser esta Inglaterra. El talento estaba. La química, no tanto. El resultado: un subcampeonato que dejó más dudas que orgullo.
Ahora, en Estados Unidos, el escenario es distinto. Nuevo seleccionador, nuevo ciclo, mismo protagonista. Bellingham ya no es sólo la gran esperanza; es una referencia que habla con la autoridad de quien ha vivido la cara y la cruz del torneo.
Duelo por el ‘10’: Bellingham vs Morgan Rogers
En lo puramente futbolístico, el propio Bellingham encara un reto inesperado: ganarse el puesto en el once inicial para el debut mundialista ante Croacia el miércoles. Tuchel parece haber planteado un pulso directo entre él y Morgan Rogers por la posición de mediapunta, el famoso ‘10’.
El duelo tiene un matiz especial. No se trata de dos desconocidos que se cruzan en un vestuario nuevo. Son casi vecinos de vida. Crecieron en la misma zona de West Midlands, compartieron fútbol de formación y mantienen una relación estrecha.
Bellingham reforzó su candidatura con una actuación sobresaliente en el último amistoso, la victoria ante Costa Rica, en la que volvió a mostrar la versión dominante que exhibe semana tras semana con Real Madrid. Aun así, el mensaje interno de Tuchel ha sido claro: la competencia es real.
Lejos de encender un conflicto, Bellingham dibuja una relación de confianza y fricción sana con Rogers. “Como persona, es un tipo top, puede llevarse bien con cualquiera, puede hablar con cualquiera”, explicó. “Puede ser un poco ruidoso. Tenemos debates que muchas veces se convierten en discusiones. Pero nos llevamos como hermanos, la verdad.”
El propio centrocampista reconoce que el técnico les ha dejado claro que pelean por el mismo rol. “El míster lo ha dejado muy claro muchas veces cuando ha hablado: jugamos por la misma posición. Sé que eso se ha relajado un poco ahora que me ve en más posiciones y a Morgs también, pero honestamente no tengo ningún mal sentimiento cuando él juega y yo no.”
Competencia directa, pero sin veneno. Dos jugadores que se conocen desde niños, ahora enfrentados por un lugar en el equipo que aspira a coronarse campeón del mundo.
Un vestuario ante el espejo
Las palabras de Bellingham van más allá de un simple recuerdo de la Eurocopa. Funcionan como un aviso interno: el talento no basta si el grupo no respira al mismo ritmo. Inglaterra ya sabe lo que es caminar hasta una final arrastrando dudas. La pregunta ahora es si, con Tuchel al mando y una “hermandad” como bandera, será capaz de recorrer el mismo camino con algo más que sufrimiento y goles en el último suspiro.





