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Un baño de realidad para el proyecto Carrick en Old Trafford

La primera jornada de la nueva temporada golpeó de lleno la ilusión en Old Trafford. En el MKM Stadium, un recién ascendido Hull City, con media columna vertebral ausente, pasó por encima de un Man Utd apático y sin alma. 2-0, dos goles a balón parado, y la sensación de que nada ha cambiado tanto como se pensaba.

Era el estreno del primer curso completo de Michael Carrick al mando, con un verano cargado de optimismo. Desde su regreso en enero había sumado más puntos que nadie y el club se había movido en el mercado con las llegadas de Andrey Santos y Youri Tielemans, con Carlos Baleba en el horizonte. El relato era el de un proyecto en crecimiento. Hull lo destrozó en 90 minutos.

Hull golpea donde más duele

El plan de Sergej Jakirovic fue sencillo y brutalmente efectivo. Bloque bajo, línea de cinco, mucha pierna y cero concesiones. La zaga, demasiado física para Bryan Mbeumo y Matheus Cunha, blindó su área. Los carrileros Lewie Coyle y Ryan Giles bombardearon una y otra vez hacia el faro del ataque, Oli McBurnie.

El partido se decidió en lo básico: duelos, segundas jugadas, agresividad. Hull ganó el 63% de los duelos en la primera parte y cerca de dos tercios de los balones aéreos. Antes del descanso ya mandaba 2-0, ambas dianas nacidas de acciones a balón parado que Man Utd defendió con una fragilidad alarmante.

No fue una sorpresa que los Tigers salieran encendidos tras el ascenso. Lo sorprendente fue que el equipo de Carrick pareciera no haberlo previsto. Llegadas tarde, poca intensidad, errores de concentración. Una imagen lo resume todo: McBurnie conduciendo entre un estático Andrey Santos y Tielemans, una secuencia destinada a viralizarse.

Hull llevaba más de medio siglo sin ganar a United. Lo hizo el día que menos se esperaba, con hasta ocho bajas de primer nivel, a base de energía, fe y oficio.

Carrick pide calma, Bruno enciende las alarmas

Tras el golpe, Michael Carrick intentó agarrarse a lo poco rescatable. No quiso entrar en el dramatismo pese a la forma del tropiezo.

“Hoy hicimos cosas buenas y se van a perder”, lamentó. “Tenemos que encontrar respuestas, pero porque perdamos un partido no significa que haya que diseccionar absolutamente todo”.

El técnico reconoció los defectos, pero sin incendiar el vestuario: “Hubo cosas que estuvieron bien, hay aspectos que mejorar. Nunca iba a ser perfecto, pero ponernos por detrás y darnos tanto trabajo lo hace todo más difícil. En este tipo de partidos, con un recién ascendido en su casa, no puedes regalarles nada, tienen mucho a lo que agarrarse. Después tuvimos momentos y oportunidades, pero nos faltó chispa para definir o crear más. Estamos muy decepcionados con el resultado, pero no vamos a dejar que nos tumbe”.

El capitán Bruno Fernandes no fue tan conciliador. Su lectura sonó a aviso serio a sus compañeros.

“Fueron los mismos errores de la temporada pasada, en cada partido fuera de casa les damos demasiado el balón al rival”, dijo. “En los primeros 20 minutos, su portero fue el que más toques dio. Teníamos que presionar más, ser más agresivos, y otra vez tenemos que trabajar las jugadas a balón parado y no encajar este tipo de goles”.

Bruno fue directo al corazón del problema: “Contra este tipo de equipos, esperan ese momento. Sabíamos antes del partido que las acciones a balón parado iban a ser una parte importante de su juego”.

La grada ya mira al banquillo

El ruido alrededor de Carrick no tardó en subir de volumen. Entre la afición, las opiniones se endurecieron con rapidez tras el pitido final.

Algunos ya hablan de que el puesto le queda grande y piden un “ganador probado” para el banquillo. Otros señalan con el dedo a la planificación de la plantilla: falta un central dominante, un lateral izquierdo fiable y un nueve que sostenga al equipo cuando Benjamin Sesko no esté. Varios hinchas se quejan de un equipo sin piernas en el centro del campo, con Cunha demasiado hundido, mezclándose en un mediocampo atestado mientras Hull imponía su físico.

Y hay una crítica que se repite: “lo mismo de siempre”. Falta de ritmo, poca movilidad, una sensación de esfuerzo insuficiente. Un déjà vu incómodo para un club que vendió el verano como el inicio de una nueva era.

Más que táctica: hambre contra apatía

Ron Walker, analista de Sky Sports, lo resumió con crudeza: el dibujo de Hull funcionó, pero el partido se decidió en algo más primario. Hambre. Espíritu. Orgullo.

El equipo de Jakirovic ganó casi dos tercios de los duelos y de los balones por alto antes del descanso. Una recompensa directa a la intensidad y la energía que volcó en cada acción. Man Utd no se acercó a ese nivel. No fue una cuestión de matices tácticos ni de pizarra sofisticada. Fue una cuestión de quién quería más cada balón dividido.

Algunos apuntarán a la falta de calidad en ciertas posiciones del once de Carrick. Pero sin hambre, sin deseo por hacer lo básico, por ganar el choque, por cerrar la marca en un córner, la discusión sobre el talento queda en segundo plano.

La temporada acaba de empezar y el marcador solo suma tres puntos perdidos. El problema es otro: la sensación de déjà vu, de haber visto esta película demasiadas veces lejos de Old Trafford. La pregunta ya no es si Man Utd tiene calidad. Es si tiene carácter para que este 2-0 en Hull no sea el primer capítulo de otro curso decepcionante.