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Aston Villa: De la duda al vértigo europeo

La pancarta cayó desde el Holte End como una declaración de intenciones: “We’ve Conquered Before. We’re Prepared For More”. Villa Park rugió. En la banda, Unai Emery caminaba hacia su zona técnica recibiendo una ovación de pie, como un técnico que ya pertenece al imaginario del club, no como un simple invitado de lujo.

Dentro del estadio, el mensaje era claro: el Aston Villa ha cambiado de piel, pero no de ambición.

De la duda al vértigo europeo

El duelo de Champions League ante Viking terminó en una victoria rotunda por 3-1, otro capítulo en la metamorfosis que Emery inició hace casi cuatro años, cuando aterrizó desde Villarreal. Su cuarto aniversario en el cargo llegará este sábado, precisamente en casa y frente al líder de la Premier League, Manchester City. No puede haber mejor escaparate para medir hasta dónde ha llevado al club.

Hace apenas unas semanas, el ambiente era otro. Verano convulso, salidas dolorosas, un arranque de temporada que volvía a oler a uno de esos inicios lentos marca Emery, los que solo se enderezan cuando se cierra el mercado. La goleada encajada en Brighton (4-0 al descanso), la derrota en casa ante Arsenal, el 0-0 gris en Hull City y el tropiezo por 2-1 frente a Nottingham Forest en Villa Park alimentaban la inquietud.

Demasiado cambio, demasiado rápido. Seis titulares de la final de la Europa League ganada 3-0 a Freiburg en Estambul se marcharon en verano. No eran secundarios. Eran la base del equipo que devolvió al club a la élite continental y firmó el primer título europeo desde la vieja Copa de Europa, y el primer trofeo doméstico desde la League Cup de 1996.

El golpe fue mayúsculo: Emiliano Martínez, Lucas Digne, Youri Tielemans y el trío inglés Ollie Watkins, Ezri Konsa y Morgan Rogers abandonaron el proyecto. Konsa y Rogers volaron a Arsenal y Chelsea por un total de 172 millones de libras, en una operación global que dejó cerca de 320 millones en las arcas. Un desmantelamiento en toda regla.

Y, sin embargo, el guion de Emery volvió a imponerse.

Villa 2.0: vender caro, reconstruir mejor

La reacción arrancó con una victoria de peso en el campo de Spurs. A partir de ahí, el Villa empezó a parecerse otra vez al equipo reconocible de la pasada campaña. Llegó el 6-0 a Fenerbahce en Champions en Villa Park. Luego, un 1-0 de autoridad en Newcastle. Y ahora este 3-1 ante Viking, que coloca al equipo con tres triunfos de tres en la fase de grupos.

Durante unos minutos, el Villa incluso se vio en lo más alto de la clasificación conjunta de la Champions, igualado a nueve puntos con Paris St-Germain, Liverpool, Real Madrid y Real Betis, hasta que el gol tardío de Peter Christiansen para los noruegos apretó las cifras.

Hay un dato que define mejor que ningún discurso el efecto Emery en Europa: 12 victorias consecutivas en casa en competiciones europeas. Doce. Villa Park ha vuelto a ser un escenario incómodo, intimidante, un lugar donde el técnico vasco se mueve como el especialista que siempre fue.

Por eso el club le ha dado las llaves del proyecto. Mientras vendía por unos 320 millones, invirtió 280 millones en refuerzos. Y las primeras señales apuntan a que el dinero se ha colocado con tino.

Ante Viking, el mejor fue Alysson, un extremo brasileño de 20 años que ni siquiera pertenece al paquete de fichajes veraniegos: llegó en enero desde Gremio en una operación que podría llegar a 10,4 millones de libras. Desde la derecha, desbordó sin piedad, atacó espacios y encadenó carreras que pusieron en jaque a la zaga noruega. Aún le falta colmillo en la definición, pero el potencial es evidente.

Provocó el penalti que Emiliano Buendia convirtió para el 2-0 y coronó una de sus arrancadas con un centro que Henrik Heggheim desvió a su propia portería para el tercero. Puro vértigo.

En la otra banda, Ibrahim Mbaye, 18 años, fichado por 47 millones desde Paris Saint-Germain, dejó destellos de lo que puede ser una sociedad de futuro demoledora para el Villa. Ya sabe lo que es el gran escenario: jugó los cuatro partidos de Senegal en el Mundial 2026 y marcó en la derrota 3-1 ante Francia, convirtiéndose en el africano más joven en anotar en una Copa del Mundo masculina.

Detrás de ellos, otra pieza nueva se asentaba con una calma inesperada. Zion Suzuki, portero japonés de 24 años, llegó desde Parma por 30 millones para ocupar el lugar del ídolo Martínez. El reto era ingrato. De momento, responde con seguridad y algo más: un juego de pies sobresaliente, tanto en corto como en largo, que añade una dimensión distinta a la salida de balón del equipo.

En el medio, Joao Gomes, fichado por 38 millones desde Wolverhampton Wanderers, mostró ante Viking el tipo de centrocampista que Emery buscaba: agresivo, intenso, siempre disponible para el pase y con criterio para sostener al equipo.

Arriba, el relevo de Watkins tampoco se dejó a la improvisación. Emery tiró de memoria y recuperó a un viejo conocido: Nicolas Jackson, al que ya había dirigido en Villarreal. El Villa pagó 65 millones al Chelsea por él. La adaptación, de momento, es veloz: cinco goles ya con su nueva camiseta.

Y aún falta por ver a pleno rendimiento al que muchos consideran el fichaje más excitante de todos: Johan Manzambi, irrupción mundialista con Suiza. El Villa pagó algo más de 50 millones a Freiburg, arrebatándolo a un Newcastle United que se quedó atónito. Manzambi no tardó en justificar el esfuerzo: marcó en su debut como titular en la victoria ante Spurs y después firmó el gol del triunfo en St James’ Park. Ahora es duda para enfrentarse al City, un contratiempo que Emery deberá gestionar.

Emery, el arquitecto incansable

Lo que llama la atención no es solo la lista de nombres, sino la velocidad con la que se han integrado en un contexto de máxima exigencia. El Villa no ha vivido un simple “cambio de ciclo”; ha sufrido una reconstrucción a alta velocidad. Y Emery, lejos de rebajar pulsaciones, parece más eléctrico que nunca en la banda.

Ante Viking se le vio gesticular, corregir, animar, exigir. Su energía transmitía la sensación de que el reto de rehacer el equipo le ha rejuvenecido. No se limita a encajar piezas nuevas y descartar las viejas.

John McGinn sigue siendo el latido del vestuario y del césped, el capitán que marca el tono competitivo del equipo. A su lado, Ross Barkley firma una especie de resurrección futbolística.

El centrocampista de 32 años, fichado desde Luton Town en julio de 2024, ya conocía la casa por su cesión en la 2020-21. Hoy es otra cosa. Ante Viking volvió a marcar, su cuarto gol del curso, después de haber anotado un doblete en la goleada a Fenerbahce. Emery lo valora como pocos. Lo empuja hacia adelante, le exige que llegue al área, que remate, que domine el juego aéreo. Y Barkley responde, quizá como no lo hacía desde sus mejores días.

No es casualidad. El técnico que encadenó tres Europa League con Sevilla, que añadió otra con Villarreal y que llevó al propio Arsenal a una final europea, aplica el mismo patrón: exigencia máxima, detalles cuidados al milímetro y una fe inquebrantable en su método. Villa Park lo ha entendido. Y lo ha abrazado.

Villa Park, preparado para más

El ambiente de la noche europea lo confirmó. El estadio, que el curso pasado celebró la Europa League como un renacimiento, ha recuperado esa sensación de viaje compartido. La grada cree en su entrenador. Nunca dejó de hacerlo, ni siquiera en el arranque torpe de esta temporada. Ahora tiene pruebas para sostener esa fe.

Emery lo sabe y lo utiliza como combustible. Tras el triunfo ante Viking, habló de confianza, de equilibrio, de la importancia de mantener la energía para lo que viene: primero Manchester City en la Premier, después Barcelona en Champions y un desplazamiento siempre áspero a Galatasaray. No pide calma. Pide más.

Los temores de agosto, las dudas sobre si el Villa podría sobrevivir a la marcha de tantas figuras clave, parecen hoy lejanos. El club ha vendido alto, ha fichado joven y ha confiado en un entrenador que, cada vez que entra en Villa Park, camina como si ya hubiera visto esta película antes.

La pancarta del Holte End no era un simple eslogan. Era un aviso. La cuestión ahora no es si el Aston Villa ha conquistado antes. La pregunta es cuántas veces más está dispuesto a hacerlo bajo el mando de Unai Emery.