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Arsenal conquista la Premier League y se enfoca en Budapest

Arsenal por fin tiene entre las manos la Premier League. El club londinense cerró su temporada doméstica con un 2-1 ante Crystal Palace en Selhurst Park y puso fin a una racha de tres cursos seguidos quedándose a las puertas. Hubo abrazos, lágrimas, familias sobre el césped y un fondo visitante desatado. Fue una liberación largamente esperada.

Pero Mikel Arteta apenas dejó que el confeti tocara el suelo.

El técnico español, empapado de champán y con la medalla de campeón al cuello, ya giraba la mirada hacia el próximo reto: la final de la Champions League ante PSG, el sábado, en Budapest. El trofeo de la Premier es un hito gigantesco para un proyecto que aprendió a base de golpes, pero el entrenador no quiere que la euforia rebaje ni un gramo de competitividad en la semana más grande de la historia reciente del club.

“Necesitamos que esa energía fluya”, insistió el vasco, decidido a transformar la celebración en combustible. El mensaje al vestuario fue inmediato: disfrutar, sí; adormecerse, jamás. Según explicó, el cuerpo técnico ya ha hablado con la plantilla de “lo que tenemos que hacer en Budapest” y de cómo canalizar “toda la energía increíble” que arrastra el equipo hacia esa final. El trabajo, avisó, empieza “mañana”.

Campeones… pero con una frontera por derribar

El título de la Premier tiene un peso especial. Arsenal venía de tres temporadas consecutivas como subcampeón, siempre a un paso, siempre con la sensación de llegar corto en las últimas semanas. Esta vez no se cayó. Esta vez el equipo de Arteta aguantó la presión hasta el final y levantó el trofeo que se le había negado a una generación entera de aficionados.

Sin embargo, hay un territorio que el club todavía no ha conquistado: la Champions League. Nunca ha levantado la máxima competición europea. Arteta lo sabe y lo repite dentro de la ciudad deportiva: Budapest no es solo una final, es una oportunidad de inmortalizar a este grupo.

El propio entrenador lo dejó claro al hablar de “escribir un nuevo capítulo en la historia” del Arsenal y de su ambición por “levantar la Champions League”. No es una frase al aire. Es la declaración de intenciones de un equipo que aspira a firmar un doblete doméstico y continental que cambiaría para siempre la dimensión del club.

Un escudo que ya pesa distinto

Arteta, que ya estrenó su palmarés en el banquillo con la FA Cup en 2020, ha atravesado varios años de reconstrucción, decepciones y finales de temporada que dolieron. Ahora, con la Premier por fin asegurada, siente que algo ha cambiado en la piel del equipo.

“Esta camiseta ahora representa otra cosa”, explicó. “Somos los campeones”.

El técnico está convencido de que ese estatus otorga un impulso psicológico clave: más confianza, más presencia, otra energía cuando el equipo salte al césped del Puskás Aréna. Pero no se queda ahí. Ser campeón también implica una carga extra: más responsabilidad, menos margen para la autocomplacencia.

Su discurso interno va en esa línea. Arteta habla de elevar los estándares, de exigir “mucho más” porque cree que el grupo “es capaz de hacerlo”. La Premier no es un punto final, sino el inicio de un listón nuevo.

Del dolor de las caídas a la convicción del campeón

El contraste con temporadas anteriores es evidente. En otros años, Arsenal se desinfló en los últimos metros. Esta vez, el final de campaña dejó una imagen distinta: un entrenador aliviado, celebrando sobre el césped con su familia, consciente de que el viaje, con todos sus tropiezos, le ha llevado a este momento.

Arteta no esconde que el camino fue duro. Habla de “pasos enormes” dados en los últimos años, de logros con “mucho valor” que, sin embargo, siempre parecían insuficientes sin un gran título que los coronara. Llegaron a estar “muy cerca” en tres ocasiones y se quedaron cortos en la recta final, algo que definió como “muy doloroso”.

Ese dolor, sin embargo, se ha convertido en motor. El técnico describe cómo esas derrotas empujaron al club a “buscar nuevas formas de demostrar de qué estamos hechos”. Para él, la forma en que han conquistado esta Premier hace que todo “sea aún mejor”.

Budapest, el siguiente examen

Ahora, Arsenal viaja a Budapest con algo que no tenía antes: la certeza de saberse campeón de liga. No es solo un trofeo en la vitrina, es una identidad. Un escudo que entra a la final con otra autoridad.

La fiesta en Selhurst Park ya es pasado. Lo que viene puede redefinir una era. Si este Arsenal es capaz de trasladar la energía de campeón a la noche más grande de Europa, la pregunta dejará de ser qué ha ganado este equipo… y pasará a ser hasta dónde puede llegar.