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Antoine Griezmann: récord, perdón y despedida en el Metropolitano

El Metropolitano no se vació tras el 1-0 ante Girona. Nadie quería irse. No en una noche así. Con el marcador ya cerrado y los jugadores aún sobre el césped, Antoine Griezmann tomó el micrófono y, por primera vez en mucho tiempo, habló sin defensas ante una grada que lo ha visto todo de él: el ídolo, la traición, el regreso, la reconciliación y, al final, la leyenda.

Acababa de firmar su partido número 500 con la camiseta del Atlético, con asistencia incluida en el gol de la victoria de Ademola Lookman. Un detalle más en una carrera colchonera llena de cifras descomunales: 212 goles, 100 asistencias, máximo goleador histórico del club. Pero la noche no iba de números. Iba de cuentas pendientes.

El perdón que faltaba

Griezmann, 35 años, respiró hondo y fue directo al asunto que llevaba siete años flotando sobre cada ovación y cada silbido: aquel traspaso de 120 millones de euros al Camp Nou.

Agradeció a los aficionados por quedarse, por escucharle. Reconoció que necesitaba ese momento. Volvió a pedir perdón por haber elegido al Barcelona en 2019, por no haber entendido entonces lo que significaba el Atlético para él ni lo que significaba él para el Atlético. Admitió que era joven, que se equivocó, que no midió el amor que dejaba atrás. Y que, con el tiempo, recuperó el juicio y se empeñó en reconstruir lo que había roto.

El estadio respondió con una ovación cerrada, casi liberadora. El perdón ya no era un gesto educado; sonaba a reconciliación definitiva.

Más que títulos

El palmarés de Griezmann no es precisamente ligero: campeón del mundo con Francia, campeón de Europa League con el Atlético, protagonista en grandes noches. Sin embargo, la herida deportiva con el club rojiblanco siempre ha estado clara: ni una Liga, ni una Champions con la camiseta rojiblanca.

Él mismo lo recordó ante su gente. No escondió esa espina. Pero la giró a su favor: dijo que no había podido entregar esos grandes trofeos, pero que el amor recibido valía más que cualquier copa. Que se llevaba ese cariño para siempre.

En las gradas, donde se han visto finales perdidas, eliminaciones crueles y temporadas al límite, el mensaje caló. La sensación era clara: el vínculo, después de tanto vaivén, había quedado por encima del palmarés.

Simeone y su general en el campo

En la otra banda del micrófono, Diego Simeone. El técnico que ha marcado la era moderna del Atlético no dudó: definió a Griezmann como “probablemente el mejor jugador” que ha tenido a sus órdenes en el club. Palabras mayores en una casa por la que han pasado figuras de todos los perfiles.

El francés no dejó pasar la oportunidad de devolver el elogio. Miró al banquillo y agradeció al argentino haber encendido el estadio, haberle llevado a sentirse campeón del mundo, a sentirse el mejor del planeta. Confesó que le debía muchísimo y que había sido un honor pelear para él.

No eran frases vacías. Simeone moldeó a aquel extremo delgado que llegó desde la Real Sociedad hasta convertirlo en el futbolista total que ha dominado el Metropolitano: delantero, mediapunta, organizador, primer defensor. El jugador que siempre aparecía cuando el equipo lo necesitaba.

Un adiós con balón de por medio

La despedida no fue una postal estática. Griezmann se marchó, como casi siempre, participando directamente en la victoria. Asistencia a Lookman, tres puntos, ovación de pie. Una última demostración de que su influencia no se mide solo en recuerdos, sino en acciones concretas sobre el césped.

El duelo ante Girona fue el marco perfecto: partido 500, homenaje, palabras pendientes y una afición que, esta vez sí, se entregó sin reservas. El Metropolitano, que en su día lo recibió con recelo tras su regreso del Barcelona, lo despidió como lo que ya es: un indiscutible símbolo del club.

Última parada en Villarreal y rumbo a Orlando

Aún le queda una estación más con el Atlético: el cierre de temporada en el campo del Villarreal. Todo apunta a que tendrá minutos, una última función en Liga antes de cruzar el Atlántico.

Su próxima aventura ya está decidida. Griezmann se marchará a Estados Unidos para jugar en Orlando City, libre de contrato, con la maleta cargada de goles, asistencias y una relación con la grada que tuvo que reconstruir paso a paso. No se va como se marchó aquella vez; se va habiendo reparado el vínculo.

El Atlético pierde a su máximo goleador histórico, a un futbolista irrepetible en su era moderna. El Metropolitano, en cambio, gana algo que no se mide en puntos ni en títulos: la certeza de que, después de todo, Antoine Griezmann se va como lo que siempre quiso ser aquí.

Como un mito rojiblanco.

Antoine Griezmann: récord, perdón y despedida en el Metropolitano