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Ancelotti y la pausa de hidratación: el error que costó el Mundial

Carlo Ancelotti todavía repasa el minuto exacto en el que, según él, se le escapó el Mundial de 2026 con Brasil. No fue en el gol de Erling Haaland. Ni en el pitido final. Para el técnico italiano, la Seleção empezó a decir adiós a la Copa del Mundo en un momento tan prosaico como decisivo: el parón de hidratación de la segunda parte ante Noruega.

Brasil cayó 2-1 en octavos, otro golpe para un país que no levanta el trofeo desde 2002. Un año de trabajo, una generación cargada de talento… y una eliminación que sigue doliendo.

“Perdimos el Mundial durante la pausa de agua”

Ancelotti, ahora seleccionador brasileño, lo explicó sin rodeos en una entrevista con la cadena ESPN. Primero defendió el proyecto, la planificación, el día a día. Luego, bajó al detalle que le persigue.

“En general, creo que el trabajo hecho durante un año fue excelente. Logísticamente, la selección brasileña estuvo muy bien organizada en cuanto al hotel, el estadio y el campo de entrenamiento. El rendimiento de los jugadores a lo largo del año fue positivo. Y creo que los 26 convocados eran los más adecuados para estar allí”, expuso.

Hasta ahí, balance. Después, el matiz que lo cambió todo: las lesiones que obligaron a retocar el plan inicial.

“El plan trazado el año pasado cambió un poco por las lesiones, porque sufrimos muchas en el periodo entre marzo y el Mundial: Militão se lesionó, luego Rodrygo, después Estêvão, y Wesley se lesionó antes del Mundial, y durante el Mundial se lesionó Raphinha. Así que el plan cambió un poco”, reconoció.

Y entonces llegó la frase que congela la escena.

“Creo que perdimos el Mundial durante la pausa de agua contra Noruega. ¿Por qué? Porque el equipo tenía el control del ritmo del partido hasta ese momento”.

Hasta ese parón, Brasil mandaba en el pulso emocional del encuentro. Noruega tenía la pelota, sí, pero lejos del área de la Seleção. Ancelotti lo ve así:

“También es cierto que Noruega tenía la posesión del balón, y mucha, en su propio campo… Noruega jugó igual contra Inglaterra. Controlaron el partido, pero al final pudieron haber ganado a Inglaterra”.

La lectura del italiano en ese instante fue otra. Y ahí, admite, se equivocó.

“Quizá mi error estuvo ahí, cuando pensé que el equipo había perdido el control del partido cuando no era así. Hice algunos cambios en el once, luego tuvimos el problema del gol de Erling Haaland. Y en un Mundial, cuando te marcan en el minuto treinta de la segunda parte, es muy difícil remontar. Pero tuvimos la oportunidad de hacerlo”.

Neymar, el cambio más discutido

La gestión de los cambios, y en especial la entrada de Neymar en los minutos finales, desató una tormenta de críticas en Brasil. Se habló de “desequilibrio”, de un equipo partido, de un movimiento innecesario. Ancelotti no compra esa versión.

“No, cuando Neymar entró en ese momento, saqué a Ryan y metí a Endrick como extremo derecho, pensando que Neymar era capaz de crear un gol o mostrar su calidad en ese momento, en el minuto 70. Eso era lo que pretendía hacer contra Japón”, explicó.

El plan original para Neymar en el cruce anterior era otro. Más frío, más calculado.

“¿Por qué metí a Gabriel Martinelli contra Japón? Porque el equipo tenía el partido completamente controlado. Japón se apoyaba solo en los contraataques. El objetivo no era marcar un gol, pensaba en meter a Neymar en la prórroga contra Japón”.

Contra Noruega, el guion se aceleró. El técnico decidió adelantar la entrada del ’10’ para intentar recuperar el mando del partido.

“Metí a Neymar un poco antes para recuperar el control del partido. Luego también tienes que pensar en las decisiones que tienes que tomar… Escuché a (Thomas) Tuchel decir que recibió críticas muy duras, y la verdad es que tienes que tomar decisiones muy difíciles. Es un momento lleno de tensión, y no siempre aciertas”.

No hay arrepentimiento en su discurso, sí autocrítica sobre el contexto táctico que rodeó a la estrella.

“Creo que Neymar debía entrar, tenía que entrar en ese momento porque estaba rindiendo bien, se entrenó bien y se preparó bien. Me gustó su espíritu deportivo. Creo que ayudó al equipo. Pero, con su entrada, no hacía falta cambiar la estructura del equipo”.

Un Mundial que se escapa por un detalle

Ancelotti no esconde la herida. Habla de organización impecable, de un grupo elegido a conciencia, de un Neymar enchufado y comprometido. Y, sin embargo, vuelve siempre al mismo punto: una pausa de agua, una lectura errónea del pulso del partido, un ajuste que abrió la puerta al gol de Haaland.

En un país donde cada Mundial se vive como una obligación histórica, el italiano sabe que ese parón ya forma parte del archivo negro de la Seleção. Y la próxima vez que Brasil se detenga para beber, la pregunta será inevitable: ¿habrá aprendido la lección su entrenador?