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Análisis del partido Maccabi Tel Aviv vs CSKA Sofia

Maccabi Tel Aviv salió en Batumi Arena con un 4-2-3-1 que nunca terminó de encontrar profundidad ni continuidad entre líneas, mientras CSKA Sofia, desde un 4-3-3 muy compacto, fue escalando el partido hasta un 0-3 que reflejó mejor su claridad en las áreas que una supuesta superioridad aplastante en el juego. La posesión quedó prácticamente partida (49% para Maccabi, 51% para CSKA), pero la traducción táctica fue radicalmente distinta: los búlgaros construyeron un plan de partido orientado a castigar cada pérdida israelí y a proteger con muchos cuerpos la frontal del área propia.

En fase ofensiva, el 4-2-3-1 de Kenny Miller se estructuró con I. Noy e I. Shahar como doble pivote, D. Peretz y H. Varela por dentro y S. Abu Farkhi como referencia. Sin embargo, la circulación fue demasiado horizontal y previsible. Los 2 disparos a puerta de Maccabi, frente a los 7 de CSKA, resumen la incapacidad local para transformar posesión en llegadas de calidad. La ausencia de tiros bloqueados (0) indica que Maccabi ni siquiera consiguió forzar intervenciones agresivas de la zaga rival en la frontal: más que ser frenados en el último momento, sus ataques morían antes de amenazar de verdad.

Defensivamente, la estructura de Maccabi sufrió en las transiciones. Con los laterales I. Ben Hamo y S. Rosen proyectándose, las distancias entre la línea de cuatro y el doble pivote se agrandaron. CSKA, con un triángulo en la medular formado por M. Ebong, B. Jordao y Stefano Sensi, explotó precisamente esos espacios intermedios. El primer gol a los 9’ de M. Ebong, asistido por L. Godoy, es representativo: un interior que llega desde segunda línea y encuentra pasillo entre centrales y mediocentros. El segundo, de L. Godoy al 29’ tras servicio de I. Pittas, nace de la misma lógica: circulación rápida, fijación por fuera y ruptura agresiva del delantero sobre una defensa mal protegida.

El dato de 21 faltas cometidas por Maccabi frente a las 17 de CSKA subraya un equipo local constantemente a destiempo, obligado a cortar el ritmo con infracciones. Las tres amarillas israelíes (Saied Abu Farchi, Mohamed Camara y Raz Shlomo) se reparten entre el sector ofensivo y la línea defensiva, síntoma de un bloque que ni presiona bien arriba ni contiene atrás. CSKA, pese a controlar el marcador desde muy pronto, también vio cuatro tarjetas (Bruno Jordão, Ioannis Pittas, Joël Zwarts y Stefano Sensi), más asociadas a la intensidad en la disputa y a la gestión del resultado que a una desorganización estructural.

En el plano posicional, el 4-3-3 de Hristo Yanev fue muy racional. Los laterales Pastor y A. Martino se proyectaron con medida, siempre protegidos por el escalonamiento de los tres centrocampistas. J. Gbamin, partiendo listado como defensor pero actuando de facto como lateral o central híbrido en salida, ofreció superioridad numérica en primera línea y permitió a CSKA sortear la primera presión de Maccabi con relativa comodidad. Por delante, el tridente L. Godoy – I. Pittas – I. Pittas primero, y luego con la entrada de Joël Zwarts, atacó de forma muy vertical los intervalos entre central y lateral. El tercer gol, ya en el 90’, de J. Zwarts tras pase de Pastor, cristaliza ese patrón: recuperación, amplitud rápida y un desmarque profundo castigando a una defensa abierta.

Las sustituciones de Maccabi al descanso (T. Asante por I. Ben Hamo y N. Ben Harush por S. Rosen) fueron un intento de reequilibrar la línea de cuatro y ganar agresividad en los duelos exteriores. Más tarde, la entrada de E. Sokler por S. Abu Farkhi y de O. Davida por I. Shahar buscó añadir presencia en el área y algo de desequilibrio entre líneas, mientras que E. Madmon por H. Varela pretendía refrescar la media punta. Sin embargo, el patrón estadístico no se alteró: Maccabi no incrementó su volumen de tiros ni logró encerrar a CSKA, que siguió defendiendo con la misma estructura y apenas concediendo situaciones claras.

En el banquillo búlgaro, los cambios fueron sobre todo de gestión del esfuerzo y ajuste fino del plan. J. Zwarts por I. Pittas y J. Eto'o por B. Jordao a los 66’ permitieron mantener la amenaza en profundidad y añadir piernas frescas en la presión. M. Brahimi por L. Godoy en el 78’ aportó piernas para las transiciones finales, y la entrada de Leo Pereira por Pastor ya en el descuento terminó de blindar la banda en un contexto de ventaja amplia. Lejos de desordenar al equipo, las sustituciones consolidaron el bloque medio-alto y mantuvieron la capacidad de salir con peligro, como demuestra el 0-3 final.

Tácticamente, la estadística de córners (2-2) es engañosa: aunque los números son simétricos, la calidad de las llegadas fue muy distinta. CSKA generó más situaciones de remate franco dentro del área, respaldadas por sus 7 disparos a puerta y 6 bloqueados, lo que indica un volumen ofensivo consistente y una presencia continua en zonas de remate. Maccabi, en cambio, apenas logró llevar el balón a zonas donde la defensa tuviera que intervenir de forma desesperada.

En términos globales, el 0-3 en Batumi Arena refleja un choque entre un plan de posesión sin filo y un dispositivo de contraataque y ataque directo muy bien ejecutado. Maccabi Tel Aviv no encontró la forma de transformar su 4-2-3-1 en superioridades interiores ni en llegadas por banda con centro de calidad; CSKA Sofia, con un 4-3-3 compacto, disciplinado y vertical, supo leer cada debilidad local y castigarla con eficacia. El resultado deja claro que, más allá de la posesión repartida, la estructura búlgara fue táctica y competitivamente muy superior.