Alexis Mac Allister: De descartado a figura clave del Liverpool
Durante buena parte de la pasada temporada, la pregunta sobre Alexis Mac Allister rondaba en voz baja por las gradas y los platós: ¿se le habían ido las piernas para la exigencia de la Premier League? Hoy, esa duda suena casi ridícula. El argentino se ha convertido, probablemente, en el centrocampista más completo del curso en Liverpool FC, y lo ha hecho desde un lugar incómodo: el de quien no sabe si el club está dispuesto a apostar por él a largo plazo.
El giro es llamativo. Hace un año, después de un curso gris, la posibilidad de una renovación era prácticamente inexistente. El club le había incorporado en junio de 2023 por unos 35 millones de libras, una ganga para el mercado actual, pero el rendimiento no acompañaba. El físico parecía justo, la intensidad no terminaba de encajar con el ritmo del equipo y el debate sobre su futuro se instaló con fuerza.
Hoy el escenario es otro. El periodista Dominic King, en el Telegraph, describía la situación con claridad: Liverpool no tiene prisa por sentarse a negociar un nuevo contrato con Mac Allister, pero si mantiene este nivel, puede obligar al club a cambiar de idea. Y esa es, precisamente, la sensación: que el argentino está jugando como un futbolista que se ha propuesto forzar la mano de la directiva.
El propio Mac Allister no ha escondido lo que siente. A comienzos de temporada, cuando le comunicaron que no habría oferta de renovación a corto plazo, lo explicó con una honestidad poco habitual: la decisión le había dejado “muy, muy triste”. Recordó que da “el 100 por ciento” cada día, en cada entrenamiento y en cada partido. Aceptó que, como todos, tiene encuentros buenos y malos, pero subrayó que nunca negocia el esfuerzo.
Ahí dejó una frase que retrata bien el momento. Dijo que ver a Dominik Szoboszlai y Ryan Gravenberch renovar le hacía feliz, porque lo merecen, pero que al mismo tiempo le generaba cierta tristeza no recibir el mismo reconocimiento. No era una queja airada. Era la constatación de una jerarquía interna: los jóvenes primero, el jugador de 27 años después… si acaso.
El plan del club estaba claro. Tras un año flojo, el riesgo de ampliar el contrato de Mac Allister era demasiado alto. Szoboszlai y Gravenberch, más jóvenes, encajaban mejor en la lógica de proyecto a medio plazo. El argentino quedaba en una especie de limbo: importante, pero no imprescindible. Útil, pero no prioritario.
La temporada actual ha dinamitado ese guion. Mientras Andoni Iraola busca todavía su mejor combinación en la medular, condicionado por lesiones y sanciones, el encaje más sencillo, el jugador que menos dudas genera, es Mac Allister. Ha sido el más fiable de ese trío, el que mejor interpreta lo que pide el equipo en cada tramo del partido, el que ofrece algo en las dos áreas.
Con balón, marca la diferencia. Es el mejor pasador de los tres, el que rompe líneas con más criterio y el que da sentido a las posesiones largas. Detrás viene empujando Trey Nyonyi, que ya llama a la puerta, pero hoy el dueño del timón es el campeón del mundo. Su radio de acción se ha ampliado: llega al área, se ofrece en salida, ajusta la presión, corrige por detrás. Se le ve ligero, confiado, con una claridad que el año pasado no existía.
Tras el partido ante Villarreal, el propio Mac Allister apuntó a una clave evidente: la forma de jugar ha cambiado. Evitó comparaciones directas con el pasado, pero dejó claro que ahora se siente bien, que disfruta. Desde el primer día de trabajo con el nuevo cuerpo técnico, dijo, percibió “algo realmente importante”. Esa sintonía se ve en el campo.
Su análisis del encuentro fue tan exigente como su juego: el equipo va en la dirección correcta, pero el partido estuvo “muy lejos de ser perfecto”. Hay que seguir trabajando, insistió, porque se trata de un año muy importante y el objetivo es claro: ganar títulos. No hay complacencia en su discurso, solo ambición y una sensación de urgencia competitiva.
En la grada y entre los aficionados, el caso despierta un sentimiento muy concreto: la gente quiere que se premie a los futbolistas que muestran, día tras día, que quieren estar en el club. Mac Allister encaja de lleno en ese perfil. No se esconde, no se guarda nada y, cuando le tocan el orgullo con decisiones contractuales, responde donde más duele a los despachos: en el césped.
El dilema para el Liverpool se acerca. El rendimiento actual del argentino respalda con fuerza la opción de una renovación, pero el contexto no es sencillo. El club mira al mercado con la intención de reforzar de nuevo el centro del campo en las próximas ventanas de invierno y verano. Más competencia, más nombres, más inversión.
En ese tablero, cada decisión pesa. Apostar por otro centrocampista o blindar al que, hoy, está sosteniendo el nivel de la sala de máquinas. Conservar a un jugador que ha demostrado carácter tras un año duro o seguir la hoja de ruta inicial y priorizar la juventud y el futuro.
Mac Allister ya ha hecho su parte. Ha recuperado las piernas, la confianza y el impacto. Ha pasado de interrogante a referencia. Ahora la pelota está en el tejado del club: ¿se atreverá Liverpool a dejar que uno de sus mejores centrocampistas juegue esta temporada como si fuera la última?





